Sobre la Caza, privilegios e ineficacia

Artículos aparecidos en el diario catalán Directa por Nuria Sanahuja (en catalán en el original)

Sobre la caza, privilegios e ineficacia (I)
Este artículo y otro que publicaremos más adelante tienen la intención de dar a conocer aspectos del funcionamiento del colectivo de cazadores en todo el estado español, de sus privilegios, de la protección de que gozan y de las dificultades con que se encuentran las personas que quieren la caza fuera de sus tierras. Y también, empezar a abrir el debate sobre si la caza es necesaria en una sociedad del siglo XXI cuando su supuesta eficacia queda cuestionada.
Esta es una historia real. El territorio puede ser cualquier pueblo de la Cataluña interior. Pedro vive en una finca rural que tiene 60 hectáreas de bosque. La finca está a 2 km del pueblo. Cuando Pedro era pequeño, en los años 70, la finca era de caza libre, podía cazar quien quería. Los cazadores del pueblo decidieron hacer un coto de caza, para controlar quién iba y que fuera por la gente del pueblo. El padre de Pedro estuvo de acuerdo, no hubo documentos, fue un acuerdo de palabra. En aquellos años no había jabalíes, pero si liebres, conejos y otros animales pequeños. Los cazadores, con ganas de matar jabalíes, los cruzaron con cerdos de granja para que tuvieran más crías cada camada. Pedro recuerda perfectamente el día que liberaron las crías de los cerdos cruzados. Los jabalíes fueron aumentando de número y las batidas fueron haciéndose más frecuentes. La familia de Pedro y los vecinos estaban cada vez más hartos de las batidas, los disparos y los cazadores. 30 años más tarde, Pedro y los vecinos deciden salir del coto de caza. Son 5 vecinos y las fincas de las 5 familias suman 300 hectáreas. Los motivos eran varios, pero mayoritariamente era por la actitud de los cazadores, que entraban en las fincas con poco respeto, arrogantes y dejando ver que los vecinos les estorbaban. Llevaban gente de fuera y cada vez eran más cazadores y más batidas. Llegados aquí, en 2001 comienza el peregrinaje. Piden a los agentes rurales que hay que hacer para salir del coto, y nadie les da información precisa, al contrario, les daban largas. Les dicen que deben hablar con el ADF (Asociación de defensa forestal). Hay que tener en cuenta que la mayor parte de los integrantes de la ADF y el presidente de la misma eran cazadores. Un retrato del caciquismo heredado de otros tiempos donde 4 personas concretas manejan la mayor parte de las instituciones de los pueblos: el presidente de la ADF era también el presidente de la sociedad de cazadores, y también el jefe de la brigada municipal. En el pueblo, a pesar de haber muchas personas que no estaban de acuerdo con esta organización oligárquica, los tenían miedo y nadie osaba enfrentarse.
Los jóvenes del pueblo, con otras mentalidades, hartos de este poder, se presentan por sorpresa en las elecciones del ADF y ganan, desbancando a los antiguos cazadores y poderosos del pueblo. Finalmente desde la Generalitat les indican cómo deben proceder. Lo que pensaría cualquier persona que no quiere que se cace en sus tierras, es que poniendo un cartel ya debería ser suficiente, pero el procedimiento es bastante complejo y largo. Cuando se empezó a redactar la ley de caza de 1970, que ha constituido la base de las actuales leyes autonómicas (en Cataluña todavía nos regimos por esta ley, ya que no tenemos una propia), aún en tiempos de Franco, los cazadores, que eran un estamento considerado y poderoso en la sociedad, se aseguraron muy bien de que las leyes les fueran favorables a sus intereses. Por ejemplo, declarando casi todo el territorio zona de caza, a través de cotos o zonas de aprovechamiento común, donde pueden cazar todos. Con la ley de 1970 se quiso asegurar un próspero futuro cinegético. Estos privilegios aún perduran. Ninguna ley de caza actual de las diferentes comunidades autónomas modifica esta intención. La sociedad cazadora sigue siendo un gremio poderoso y altamente influyente en las esferas políticas, no olvidemos que muchos de los ministros tanto del PP como del PSOE son cazadores. A modo de ejemplo recordemos que, cuando pasó el hundimiento del Prestige en 2002, la mayoría de los ministros del PP estaban de cacería, Cascos estaba cazando en el Pirineo, Matas, Acebes y Ana Pastor en Doñana y Fraga cazaba en Toledo.
Volviendo a nuestro relato, para salirse de un coto de caza, sólo puede hacerse constituyendo un refugio de fauna. El procedimiento es el siguiente: primero se debe pedir a la Generalitat la segregación de las fincas del coto donde se quiere eliminar la caza, cuando se consigue esto las fincas pasan a ser de aprovechamiento común (puede cazar quien quiera) durante un período de más de un año, y posteriormente deberán constituirse como refugio de caza. Los refugios son declarados por orden del consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, a instancia de la persona propietaria de los terrenos y con el informe previo del Consejo de Caza de Cataluña (!). En los refugios está prohibido cualquier tipo de actividad cinegética, la captura de animales o la introducción de especies que no sean autóctonas. Pero, si existen razones científicas que aconsejen la captura o reducción de la población de determinadas especies, la Dirección General del Medio Natural y Biodiversidad puede autorizar excepcionalmente cacerías específicas.

Actualmente, hay declarados en Cataluña 84 refugios de fauna salvaje que suponen una superficie total de 10.967 hectáreas. Cataluña tiene una superficie de 320.000 hectáreas.
En el caso concreto que nos ocupa, el proceso fue muy largo dado que no había documentos escritos y sin ellos, no se podía hacer nada. Finalmente, la Generalitat reconoció que no había existido nunca el contrato y que debían hacerlo sin documentos. En total pasaron casi 4 años hasta que obtuvieron finalmente el permiso para constituirse como refugio de fauna. Mientras duró todo este proceso, los 5 vecinos recibieron todo tipo de presiones por parte de los cazadores del pueblo, desde decirles que si había un incendio los del ADF no les irían a ayudar (ya que aún había cazadores que eran miembros), abrieron caminos dentro de estas fincas con la excusa de prevenir incendios, pero que en realidad iban bien para hacer batidas, y todo pagado con dinero público... Envenenamientos de perros con venenos que iban destinados a los pequeños carnívoros, pues les hacían la competencia para cazar conejos... Esta es una práctica prohibida pero que todavía es frecuente, recientemente atraparon el presidente de la Sociedad de cazadores de Sant Salvador de Guardiola con otros cazadores por caza furtiva y para poner cebos envenenados.
Pedro dice que la tensión fue difícil de soportar, pero los vecinos lo tenían muy claro y no cedieron ni un centímetro. Tuvieron que presentar planos, una descripción de lo que querían hacer, detallando las actividades educativas que llevarían a cabo. Cada año están obligados a presentar una memoria de las actividades realizadas. Ellos hicieron paneles explicativos del tipo de animales que viven en el refugio de fauna, construyeron comederos, bebederos para los animales, y soltaron rapaces provenientes de los centros de recuperación, entre otros. Pedro dice que las rapaces se han reproducido favorablemente, que han aumentado considerablemente el número de perdices, las cuales, cuando las cazaban, cada año las mataban todas y tenían que ser los mismos cazadores que las introducían para luego hacerse la foto.
Con toda esta dificultad para declarar una zona libre de caza, queda bastante claro hasta qué punto las leyes se aseguran un futuro libre de obstáculos para su actividad. A pesar de ser refugio de caza, las trifulcas no terminaron. Los cazadores sacaban las placas que identificaban la zona como refugio de fauna, seguían entrando a cazar, soltaban a sus perros... Las llamadas a los agentes rurales han sido numerosas, pero con sólo dos agentes rurales para toda la comarca, cuando llegaban, los cazadores ya se habían ido. Recientemente mataron un jabalí junto a la casa de unos abuelos que están dentro del refugio de fauna, y los abuelos que, se enfrentaron, tuvieron que escuchar como los insultaban.

Nuria Sanahuja
22/09/2016 

La caza: privilegio oligárquico, ineficaz y peligroso (II)
El último 22 de septiembre publicábamos en esta sección un artículo de Nuria Sanahuja, miembro de FAADA, sobre la caza. Ahora, poco después de la muerte de dos agentes rurales en manos de un cazador, publicamos esta segunda parte del artículo. La autora desmitifica la eficacia de la caza para llevar a cabo el control de poblaciones que han crecido de forma incontrolada - a menudo con el fin de justificar precisamente la actividad cinegética- y alerta del peligro que suponen no sólo los accidentes fortuitos, sino el hecho de tener unos individuos armados con licencia para matar.
A menudo, el argumento esgrimido para defender la caza es que sirve para controlar la población de jabalíes, que tantos problemas parece ocasionar a los cultivos y en las zonas donde hay población humana. Según el programa de seguimiento de las poblaciones de jabalíes en Cataluña, que viene elaborándose desde el año 1998 por la Generalitat, la población de jabalíes se ha quintuplicado. Se ha pasado de 6.453 ejemplares en 1991 a 34.757 en 2014. Para contrarrestar el aumento, se han concedido más permisos para batidas, se han dado autorizaciones extraordinarias fuera de la época de caza. Durante el año 2014-15 se han realizado en Cataluña 4.763 batidas y se han matado 13.102 jabalíes. El promedio fue de dos batidas por semana entre enero y septiembre. En las conclusiones del Programa de seguimiento sobre los jabalíes en Cataluña 2014-15, se reconoce que la caza no está consiguiendo reducir las poblaciones de jabalíes en muchas zonas de Cataluña.



En una Jornada sobre el Estudio sobre la gestión del jabalí en Collserola, realizada en febrero de este año y organizada por SEFAS, Servicio de Ecopatología de Fauna Salvaje de la UAB, que colabora con el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación , se pone de manifiesto que ni con las batidas se llega a controlar el problema, y se plantea la opción de realizar el control de la natalidad con el uso de algún tipo de método anticonceptivo, como ya se está haciendo en otros países de Estados Unidos y Reino Unido. Los cazadores son contrarios, siguen diciendo que la solución es cazar más.
En la UAB ya estaban en contacto con universidades de otros países que habían llevado a cabo estudios similares en otras especies, con resultados óptimos; así que decidieron poner en marcha un proyecto para hacer una prueba piloto en Cataluña. El objetivo es evaluar la efectividad de un tratamiento de esterilización en los jabalíes para controlar la población en áreas periurbanas. Con este tratamiento se consigue frenar el ciclo reproductivo durante cinco años.
El Doctor Manuel Lopez-Bejar, jefe del departamento de sanidad y anatomía animal de la UAB, es la persona que está liderando la experiencia, y explica en una entrevista publicada en FAADA que la gente implicada en el manejo de estos animales estaba intentando utilizar la contracepción como medida, basándose en estudios que ya se habían realizado en otros países, pero aquí continuaban implementando las medidas "más fáciles".
También con los corzos está pasando una explosión demográfica similar. Después de introducirlos en 1997, ahora ya han pasado a ser una especie que está a punto de ser considerada una plaga, como los jabalíes. Huelga decir que los cazadores tuvieron un papel muy activo y promotor de la reintroducción de esta especie. Los corzos eran vistos como un trofeo de caza bien atractivo.
Capítulo aparte merecen los accidentes por arma de caza, que dejan entre 25 y 40 muertes por año en España y las condiciones en que viven y mueren los perros de caza, pero no quiero terminar el artículo sin hacer mención del terrible asesinato el pasado día 21 de enero de los dos agentes rurales, cuando estaban haciendo su trabajo: Francisco Javier Ribas Villa, de 43 años, y David Iglesias, de 39 años, a manos del cazador Ismael Rodríguez Clemente. Desde estas líneas quiero enviar todo el apoyo y condolencias a sus familias, amigos y al Cuerpo de Agentes Rurales.
A raíz de este hecho lamentable, estos días están aflorando muchas noticias de las amenazas, agresiones e insultos que reciben los agentes rurales en Cataluña y los agentes del Seprona en España, y su indefensión ante este colectivo armado. Como medida de urgencia, se les ha dotado de chalecos antibalas en Cataluña, podrán patrullar en grupos de tres y llevarán un arma de fuego mientras acaban de modificar el reglamento. El colectivo hace años que denuncia las agresiones sin que la administración haya hecho nada ante sus peticiones de dotarlos de instrumentos para prevenir situaciones de riesgo, peticiones que se remontan 30 años atrás, sobre todo en las tierras de Lleida .
Los agentes rurales, desgraciadamente, no son los únicos que sufren las agresiones: agricultores, excursionistas o buscadores de setas, a menudo, son amenazados y atacados por el colectivo. Recientemente, en el mes de enero, el desgarrador caso de una mujer inglesa, en Granada: por el hecho de sacar sus terrenos del coto de caza se ha encontrado sus cinco perros, que había recogido, muertos a tiros y el caballo gravemente herido a manos, presuntamente, de los cazadores de la zona.
Es necesario, ahora que la fatalidad ha puesto el debate sobre la mesa, encarar seriamente este tema y empezar a hablar de la caza como lo que realmente es, una actividad violenta, machista, agresiva, altamente peligrosa, inútil y que no tiene cabida en una sociedad evolucionada moralmente.


Nuria Sanahuja
14/02/2017
Nuria Sanahuja es miembro de la Fundación pera el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA).


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