miércoles, 3 de agosto de 2016

“Yo tengo un campo”


Tras esta típica, y desgraciadamente frecuente, frase se esconde una realidad triste que muchos de los que nos hemos dedicado a la gestión de perros para su adopción conocemos bien. La realidad de un gran porcentaje de los perros que viven en el mundo rural en España.
Con una percepción similar a la que la mayoría de la población tiene de los animales que confinamos en acuarios, a los que creemos que les basta estar en el agua para llevar una vida adecuada a su naturaleza, sin preocuparnos mucho más acerca de sus necesidades básicas de desarrollo y comportamiento, es común la creencia de que un perro que vive en el campo, sinónimo de naturaleza, es plenamente feliz por el hecho de no estar en un medio urbano o rodeado de las paredes de un piso o una casa. Es como si comparamos el agua, vital para los animales que viven en el seno del mar o de los ríos, con el aire que respiran y el escenario salvaje en el que viven los perros en muchas fincas de nuestro territorio no urbano.
Como a cualquier animal, no les basta con tener satisfechas las necesidades de agua y alimento, ya sean peces, aves o mamíferos, necesitan del espacio vital propio de su especie,  oportunidades para desarrollar su comportamiento y condiciones adecuadas para mantener una buena salud física y mental.
El perro es un animal que hace tiempo estableció un vínculo estrecho con el hombre y además de ser social con los de su especie es sumamente dependiente de las personas. Cuantos perros he visto confinados en cercados o lo que es peor, viviendo al extremo de cadenas, condenados al exiguo espacio que su longitud permite. Y casi siempre solos.  
Son perros-ahuyentadores, perros-alarma o perros arrumbados que molestan en casa o que ya no se saben manejar. Algunos vienen de camadas de amigos o adoptados de refugios, y su destino ya era el de cuidar fincas, naves o ganado, era el de convertirse en una herramienta o un apero más del terruño. En vez de echarle gasolina al depósito, basta con unos cuantos granos de pienso tirados en el suelo y agua, y funcionan a la perfección para el fin designado.
La ignorancia y el saber popular han hecho y siguen haciendo desgraciados a muchos perros. El caso más típico es el de los mastines, perros con una vocación de guardianes de ganado que son criados para cuidar de fincas agrícolas o ganaderas, o de segunda residencia, que al no haber sido imprintados con el ganado se convierten en un peligro para los rebaños circundantes o de la propia explotación donde viven, por lo que acaban viviendo encadenados de por vida y en insalubres recintos y escaso refugio contra las inclemencias del tiempo. El contacto con humanos se limita a los momentos en los que hay que reponer el pienso y el agua.
Si desde pequeños se han criado en este menester es probable que no estén socializados con perros y personas y desarrollen un miedo muy apropiado para el objetivo que se persigue, disuadir a extraños con una agresividad defensiva. Ni de lejos saben lo que es un paseo o un mimo, y seguramente tampoco un veterinario. Otros que acaban en similar condición, es posible que hayan tenido una infancia más afortunada como perros de compañía o que vivieran al principio en libertad y en contacto con personas y otros animales, pero que ante sus escapadas estimuladas por la cercanía de ovejas u otro ganado, acaban siendo controlados… y la cadena es más barata que habilitar un cercado. La diferencia es que éstos se desvivirán por una caricia cuando te acercas a ello, cosa que normalmente no consiguen de propios y menos de extraños por la imposibilidad del contacto.
Pobres perros también los que, aún no viviendo encadenados, son apartados en alejados vallados añorando el regreso esporádico del “cuidador” y no solo por la renovación del alimento (que también) sino por el anhelado contacto y sin un solo reproche por su abandono. Son perros de casa que por la incomprensión y la falta de empatía de sus responsables humanos adquieren la condición de molestas criaturas para la convivencia diaria en un hogar y cual objetos arrumbados en un trastero acaban desterrados en el susodicho campo, supuesto “paraíso de los animales”. El mismo escenario, que a veces se restringe a escasos metros cuadrados, y la misma rutina se repiten día a día y afortunados serán si acaban con acompañantes de destierro.
Al menos los perros de caza que viven en semejantes circunstancias, gozan de unas horas de libertad y dan rienda suelta a las capacidades propias de su naturaleza, mientras sus amos dan rienda suelta a su placer de segar otras vidas. Y también se sentirán agradecidos por esos ratos compartidos sin echarles a la cara su abandono o el mal rato en la jaula del transporte o el encierro prolongado.
Seguramente envidiarían a los otros perros que vagan a sus anchas por las calles y campos de los pueblos y que por su pequeño o mediano tamaño obtienen el beneplácito de la ciudadanía o simplemente su indiferencia, pero que algún día pueden acabar con sus pequeños cuerpos tumbados en la carretera.
Pobres perros también los que viven en la variante semiurbana del “paraíso terrenal” de estos animales, ilustrada a la hora de adoptar con la frase “Yo tengo una parcela”. Perros que viven en urbanizaciones aparceladas más o menos ajardinadas y que son destinados a ser “perros-alarma” o “perros-timbre”. Son perros que viven solos casi todo el tiempo, al cuidado de un jardinero u otra persona asalariada y que solo ven a sus propietarios los fines de semana o en verano. O simplemente no verán nunca otro horizonte que el seto de su jardín; y por supuesto nunca entran en casa.
La supuesta panacea de vivir en un jardín proporciona la coartada perfecta para esas personas siempre ocupadas que creen que el hecho de disponer de césped y estar rodeado de árboles satisface todas las necesidades de juego, ejercicio y un ambiente natural saludable, cuando lo cierto es que a veces viven más estresados y abandonados que en una vivienda urbana.
En fin, pobres todos esos perros que caen en manos de personas que creen que el hecho de disponer de “un campo” o de una parcela, les capacita para proporcionar buenas vidas a los animales que adoptan en refugios o de camadas de amigos. Quizá no falte la buena intención en la mayoría de las ocasiones, pero si el conocimiento de sus necesidades reales y la preocupación por obtenerlos ya que la creencia es que el hecho de vivir en el mundo rural proporciona la sabiduría suficiente sobre seres que, al fin y al cabo, son sólo animales.
Pobres perros invisibles e ignorados, perros de campo pero sin libertad y desprovistos de lo más preciado para ellos, la vida social y el contacto humano. Una mano amiga, un gesto amable o una palabra cariñosa.
Si esto te ha hecho reflexionar y mirar con otros ojos a esos animales que durante nuestros paseos por los caminos rurales nos sobresaltan de pronto con sus ladridos al extremo de su cadena o al otro lado de una cerca, quizá aterrorizados por nuestra presencia o puede que pidiendo ávidamente una caricia con todo su cuerpo, te haga también desconfiar de aquel que con la intención de adoptar o salvar a un perro del abandono te comente “pues yo tengo un campo...”

Dedicado a Beethoven y a Moli

Sebastián López (agosto 2016) 

jueves, 28 de julio de 2016

¡Juega al escondite Conmigo!

Hace casi cuatro años que mi primer perro, mi querido Bebo, nos dejó de forma inesperada y aún hoy se me inundan los ojos al contemplar detenidamente sus fotografías y todavía no me he atrevido a verlo otra vez con vida en los vídeos que le hicimos. Es cierto que daba por completado mi duelo por él y su imagen ya se me desdibujaba en el jardín. Cauterizamos las heridas de los lugares que vivimos juntos, de los paseos, de las casas que compartimos en nuestros viajes al Norte. Nos despedimos poco a poco de los ocho años que nos dio y que nos supieron a poco.



Los últimos tres años, los vivió con Nuno, su compañero de juegos y excursiones, que nos encontró un día de agosto en la calle, en uno de nuestros paseos vespertinos y ya no quiso dejarnos. Nuno fue nuestro consuelo cuando Bebo murió. Fue el único que estaba a su lado cuando su corazón dejó de latir y durante casi cuatro años ha sido nuestra familia más íntima. Su dulzura y paciencia infinitas no solo nos llenó el corazón vacío por la ausencia sino que conquistó a todos los que lo conocieron. Y aquí ya hablo en pasado por que ahora es él el que nos ha dejado. Esta vez se ha convertido en la fuente de nuestro desconsuelo y de un dolor infinito.

Así como Bebo era todo efusividad y estrecho contacto físico, Nuno pidió su espacio desde el principio y pocas veces buscaba el arrumaco pero aceptada de muy buen grado el abrazo tierno y el arado de su pelo con la punta de nuestros dedos. Nunca quiso una pelota, no iban con el los juegos clásicos sino la carrera espontánea y el regate increíble, el ¡cógeme si puedes! y el escondite final abriendo un hoyo en la tierra bajo un matorral, imposible ocultación ya que él era un cruce de mastín.

Los juegos con Bebo si eran de otra naturaleza, más entre iguales, pero admitiendo casi siempre la mordida infantil en el cuello, de su hermano mayor y el revolcón expuesto. Ambos formaban una pareja curiosa, capaces de intercambiar sus papeles en el juego pero asumiendo cada uno su edad y destreza en la persecución o en el desgarro de sus presas de peluche.

Podría llenar páginas enteras con cada uno de los detalles que ahora se han vuelto trascendentales para nosotros y, que me perdone Bebo, pero son tan tangibles en el recuerdo de Nuno por lo reciente de su pérdida: Su gesto alegre e impaciente cuando reconocía las señales del paseo diario, su gemido inimitable cuando se ponía nervioso, su lengua balanceándose como una rosada corbata cuando el calor lo agobiaba pero a pesar de todo corría a nuestro encuentro, pero sobre todo sus labios soldados al suelo y la mirada expectante o alerta a todo lo que pasaba a su alrededor, mientras su cuerpo se refrescaba en las baldosas.

Ahora, el jardín se ha quedado vacío, el camino de sus paseos ya no es el mismo, sus cosas ya no están y sin embargo sigue jugando al escondite conmigo. De pronto aparece sentado escrutando el aire en su esquina preferida y cuando doy la vuelta ya no está. En los alcorques removidos, corriendo a lo largo del seto tras los chiquillos ruidosos o revolcándose en el césped como en un baño de verdor y frescura, en un gesto hogareño de propiedad, sigo encontrándomelo constantemente pero de repente ya no está.

Ya no hay paseos, ni encuentros con olores y perros, ni mordisqueo de hierba fresca ni el alegre trotecillo cuando lo libero de su correa. Su cola enhiesta y su majestuosa figura de mastín blanco sobre el pasto ya solo están en mis ojos y mi corazón. Por eso cuando sentimos que la pena se nos desborda como una catarata también nos consuela porque es cuando más cerca nos sentimos de él, cuando más nos parece que el puede vernos y jugar al escondite con nosotros.

Hemos amado a nuestros animales y sentimos la certeza de la frase de Anatole France “Hasta que no hayas amado a un animal, parte de tu alma estará dormida”. Nuestras almas despertaron con la llegada de Bebo. Lo amamos, y amamos también a Nuno y sentimos que ese amor ha inundado de dolor el mundo con su doble ausencia.

A mi querido Nuno, y por el recuerdo del incomprendido Bebo.

Sebastián y Josi (julio de 2016)


Gracias a AVHA, por dejarme este espacio para poner de manifiesto nuestro vínculo con nuestra familia que se nos fue.

viernes, 1 de julio de 2016

¿Quién piensa en el bienestar de los cuidadores de cuatro patas?

Los perros de terapia corren el riesgo de sufrir trastornos psicológicos producto de una tarea necesaria pero para la que no están preparados mentalmente.

PAULA CALVO
Investigadora en la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la UAB.
(Texto traducido del artículo publicado en el diario Directa de Cataluña el 14/06/2016)

Esta es la historia de Tim. Tim es un perro que fue criado con un objetivo: convertirse en un perro de terapia para ayudar a la gente que lo necesitara. Sus padres eran perros de terapia y, por tanto, el destino de Tim estaba ya marcada antes incluso de nacer. Desde cachorro se le empezó a preparar para esta importante tarea: convertirse en un atento y obediente perro de terapia.

¿Qué significa ser perro de terapia? Su tarea principal es la de colaborar en las sesiones de terapia para personas de colectivos diversos que puedan necesitarlo, desde situaciones de exclusión social a enfermedades de todo tipo. Así, Tim trabaja diariamente interactuando con personas que necesitan su apoyo terapéutico. Principalmente Tim ayuda a personas con trastorno mental y/o con discapacidad intelectual. La rutina de Tim consiste en acompañar a Ariadna, su guía humana, que es psicóloga, en sus sesiones terapéuticas con pacientes residentes en centros geriátricos y psiquiátricos. Desde que Tim cumplió dos años, cuando finalizó su etapa de entrenamiento y se certificó como perro de terapia, ha estado trabajando cuatro horas diarias, cinco días por semana, dando apoyo emocional y convirtiéndose muchas veces en el protagonista de las sesiones de terapia para los pacientes de Ariadna.

Durante tres años, desde su certificación como perro de terapia, la vida de Tim parecía totalmente estable y bajo control, sin embargo, desde hace un mes, las cosas han cambiado. Tim rechaza ir a las sesiones de terapia: no quiere subir al coche antes de ir a las sesiones en los centros donde él y Ariadna realizaban habitualmente su encomiable labor. Ariadna, al notarlo extraño, lo llevó hace quince días al veterinario para que le hicieran una revisión completa. Las pruebas clínicas y analíticas no mostraban nada anormal. Por ello, Ariadna, a pesar de los comportamientos extraños de Tim, decidió continuar con las rutinas normales de trabajo. Pero ayer por la mañana vio que Tim tenía una seria herida en una pata delantera y, además, al intentar subirlo al coche, el perro vomitó. Por ello, corrió de nuevo al veterinario, y hoy le han dado los resultados de las pruebas: todo sigue pareciendo normal. El veterinario, que conoce Tim desde cachorro, le recomienda a Ariadna que acuda a un etólogo (un especialista en comportamiento animal), porque podría ser que todos los problemas que sufre fueran de origen puramente comportamental."¿Tendrá Tim un trastorno psicológico?", se pregunta con sorpresa Ariadna, siendo ella misma psicóloga de "humanos".

Dos días después, Ariadna con Tim acuden a la consulta con el etólogo. Le da un claro diagnóstico: "Este perro muestra muchos signos de estrés, que le está afectando tanto a nivel físico como a su conducta". Tim había llegado, por lamerse de forma compulsiva la pata, a autolesionarse. Esto parecía ser debido a los niveles de estrés a los que estaba sometido en su día a día. Ariadna, en todo el tiempo que había convivido y trabajado con Tim, no había sido consciente en absoluto del estrés que sufría diariamente con la difícil tarea que le tocaba desempeñar. Ahora, Ariadna, por fin, abría los ojos ante la realidad de su compañero de cuatro patas y podía remediarlo.

La historia de Tim no es excepcional ni extraña. Diariamente muchos perros llamados "de trabajo" o "de utilidad" pueden estar sufriendo las consecuencias del estrés causado por su labor, aunque sea tan encomiable como la de cuidar de seres humanos que se puedan beneficiar terapéuticamente del contacto con un perro. En la última década en España han crecido exponencialmente los programas de terapia asistida con perros, por lo que múltiples colectivos han podido disfrutar de sus ventajas, desde pacientes con Alzheimer hasta mujeres víctimas de violencia de género. Esto quiere decir que tenemos diariamente cientos de perros trabajando por el bien de las personas, pero que podrían estar sufriendo los efectos negativos de dedicarse a un ámbito para el que realmente no están preparados mentalmente, aunque se les haya entrenado a conciencia para ello.

Todo esto no quiere decir que los perros no tengan que "trabajar" ni que todos los perros de terapia estén sufriendo estrés, pero no hay que olvidar los riesgos cuando tenemos un compañero de cuatro patas que lleva a cabo una tarea complicada y de elevada exigencia. Los cambios constantes de entorno, la interacción con muchas personas diferentes, los comportamientos atípicos de algunos usuarios o pacientes, entre otros factores, pueden estar suponiendo una carga de estrés importante para el perro.

Con este artículo se pretende concienciar sobre la necesidad de supervisar el bienestar de los perros de terapia, al igual que el de cualquier otro tipo de perro de trabajo (de rescate, de detección, o de asistencia, por ejemplo). Actualmente, se dispone del conocimiento suficiente como para ser capaces de detectar con eficiencia los signos de estrés y/o agotamiento del perro de trabajo. Simplemente, conviene, como guía del perro, tener presente la importancia de evaluar continuamente el bienestar de su perro, su compañero de trabajo y, sobre todo, formarse en este aspecto para saber detectar cuanto antes cualquier signo de efectos perjudiciales para el perro.

Muchos perros de terapia disfrutan con su trabajo, pero debemos recordar siempre que no todos los perros están preparados para cualquier tarea que nos planteamos, por muy beneficiosa que sea la interacción para una persona. Si estableciéramos sistemáticamente protocolos de seguimiento del bienestar de los perros de terapia, conseguiríamos que el ámbito de las terapias asistidas resultara provechoso para todos, perros y personas, y así evitaríamos que situaciones como las de Tim se repitieran.


miércoles, 15 de junio de 2016

La Gran Jaula

Cuando yo era pequeño y la ciudad de Sevilla acababa donde la vía del tren la limitaba con el casco antiguo, y en mi calle, aún sin asfaltar, había una lechería donde podíamos comprar leche recién ordeñada que había que hervir, existía en la esquina una taberna con olor a vino barato donde su dueño había habilitado en un altillo del local una gran jaula donde revoloteaban un buen puñado de aves, entre canarios, jilgueros o verdecillos. Y yo, que no ponía pegas a tener que bajar por un cuartillo de vino blanco para cocinar porque tenía el aliciente de contemplar durante unos pocos minutos ese pequeño mundo volandero, me maravillaba con semejante espectáculo de alas y saltos. Eso si que era una jaula y no donde mi madre o los vecinos tenían a sus cantores compañeros alados, que yo ya entonces intuía minúscula y constreñida para que un pájaro pudiera ejercer la magia del vuelo. Eso si que era una buena forma para que vivieran las aves y yo decidí que quería tener una y pasarme horas contemplando de forma tan cercana mis propios pájaros. Hay que decir que nunca la tuve.
Más tarde me conformé con otros seres más asequibles para contemplarlos de cerca y así pasaron por mi inconsciente propiedad peces de colores, lagartijas en tarros de cristal, escarabajos, gusanos de seda y alguna ranita de San Antón que pronto se dio a una fuga suicida. Hasta una pareja de patos que insensatamente intenté mantener felizmente en el espacio mínimo de un lavadero y que un día alcanzaron la libertad con una mentira piadosa.
Una parte muy importante de mi infancia y adolescencia la pasé en el medio rural y en un contacto cotidiano con algunos animales de granja. Gallinas, cerdos y algún que otro mulo constituían la fauna domiciliaría y los animales salvajes eran pájaros, lagartos o peces a los que había que capturar a toda costa, desgraciadamente a veces con desenlaces fatales para ellos. Sin embargo, eso no eran verdaderos animales salvajes, la fauna salvaje era la que podíamos ver raramente en zoológicos y circos y, de forma incipiente ya, en la tv gracias a los primeros documentales en blanco y negro de Félix Rodríguez de la Fuente.
Contemplar en persona los primeros animales de lugares exóticos fue una decepción. Por supuesto fue en zoológicos –afortunadamente nunca le gustó el circo a mi familia-, penosos espacios donde grandes felinos se veían tremendamente desgraciados contemplándonos desde el otro lado de la frontera de barrotes de hierro, en su mundo en miniatura; rapaces sin horizonte que otear bajo el mallado cielo de sus jaulas; o grandes y magníficos mamíferos como elefantes y osos dando vueltas sin fin como buscando la felicidad perdida. Esto tampoco era algo a lo que admirar ni se parecía a la magnificencia de las ilustraciones de animales que atesorábamos en nuestros álbumes “Maga”.
La maravilla asequible de las enciclopedias por fascículos vino a inundar de nueva ilusión mis ansias por conocer la vida salvaje. Por 25 pesetas a la semana, que para nuestro exiguo salario era una barbaridad, empecé a adentrarme en un nuevo mundo, el de la Fauna africana, y más tarde del resto del mundo, con la “Fauna” de Félix Rodríguez de la Fuente. Eran los años 70 y era lo más deslumbrante que había visto hasta ahora. Impresionantes fotografías y pedagógicas ilustraciones me introdujeron en un mundo de conocimientos al que yo accedía con fruición cada martes después de una impaciente espera y varias visitas a mi kiosco. Yo creo que fue entonces  cuando decidí que quería ser biólogo y dedicarme al estudio de los animales.
Imagen del primer fascículo de la Enciclopedia Fauna de 1970
Las incipientes ideas del conservacionismo se estaban gestando en España y en todo el mundo y la observación de la fauna se empezó a hacer con otra mirada, la de la admiración de la vida salvaje y libre, en su hábitat natural y con un nuevo acercamiento a los animales. Con más respeto y comprensión. Al menos fue así a nivel emocional aunque era algo poco a tener en cuenta en nuestras vidas, era algo curioso y lejano.
Para mi, sin embargo, fue el puntal de mi formación. Yo tenía que ir a África algún día, a la sabana de los leones, los ñus y las cebras.
Después, durante los estudios universitarios, vino la época del asombró por lo minúsculo y la realidad de lo salvaje se materializó en lo pequeño, en un mundo de seres de seis patas. Y me hice entomólogo. Pero a la postre, volví a poner la mirada en los seres con alas y plumas que me habían maravillado en mi niñez, pero esta vez en libertad. El auge de la contemplación ornitológica llegó desde Europa y ataviados con telescopios y prismáticos nos dispusimos a la “caza” visual de aves de todo tipo y plumaje y los sitios emblemáticos se llenaron de practicantes del bird watching.
Muchos de los lugares que antiguamente eran cotos de caza se convirtieron en reservas de fauna y flora y los cañones de las escopetas fueron sustituidos por teleobjetivos y cámaras de video. El boom del turismo de naturaleza acababa de empezar. En lugares muy vulnerables y sin medios para la conservación se convirtió en una aparente tabla de salvación para los hábitats y animales, especialmente en países del África central y meridional. Las llamadas de atención para la defensa de ballenas y delfines también promovieron el turismo basado en el avistamiento de cetáceos.
Parecía que al fin íbamos a salvar a los animales salvajes de este mundo. Los ecologistas y administraciones estaban promoviendo un cambio. Y los que pagamos por su contemplación íbamos a sufragar parte del coste.
Pero esto no era suficiente, en lo más próximo, otros animales estaban perdiendo la batalla de forma consentida por todos. Este acercamiento lúdico a las especies más famosas en libertad no ha impedido que grandes depredadores de nuestra fauna, como osos, lobos o rapaces y grandes herbívoros como los cérvidos, se estén viendo cercados cada vez más por la agricultura, la ganadería o la ocupación de espacios para la urbanización o la industria. Están siendo confinados en sus propios territorios, con barreras reales de alambre o la destrucción de sus recursos. Creamos enormes cercados para contener y criar de forma controlada especies cinegéticas, muchas veces con la excusa de su control poblacional. Seguimos creando grandes zoológicos, con la única diferencia de que estos hay que recorrerlos en coche.
El tráfico de turistas en África ha disparado la red de senderos y carreteras en las reservas y un continuo ir y venir de fotógrafos con buenos propósitos han convertido la vida de los animales de la sabana en un gran zoológico donde se han acostumbrado al paso de los vehículos soportándolos con estoica calma. Nos hemos metido en sus jaulas pero seguimos irrumpiendo en sus vidas sin demasiado respeto por la naturaleza de estos parajes que en su día fueron realmente salvajes.
El turismo bien intencionado de cazadores con cámara fotográfica está sufragando en parte la conservación de animales en grandes latifundios de Sudáfrica, pero la mayor entrada de dinero sigue siendo la caza de ejemplares de las especies más emblemáticas de la sabana, como el león, el elefante, el búfalo o los grandes antílopes y hasta tal punto es así que los ejemplares en supuesta libertad son subastados previamente para luego ser cazados a un precio fijado. Y es la forma que tienen para conservar.
Al final no es una cuestión de espacio. Estamos limitando los espacios donde los animales puedan vivir en verdadera libertad sin riesgo a ser masacrados para obtener un trofeo, por su piel o sus defensas.
La globalización del turismo, y no siempre de naturaleza, pero si en espacios naturales que antiguamente eran paraísos para la fauna y la flora, promovido por los tour-operadores pero también por las redes sociales, está haciendo que lugares como las playas a donde van a desovar las tortugas marinas sean invadidas por turistas ávidos de selfies, que impidieron la reproducción en Costa Rica en 2015, o que delfines varados sean literalmente maltratados en aras del toqueteo y la imagen narcisista de los móviles.
Al final hemos convertido al planeta en una Gran Jaula para los animales donde los manejamos a nuestro antojo. En un falso e ignorante acercamiento a la naturaleza estamos convirtiendo a la fauna salvaje en objetos de espectáculos masificados e inoportunos en su propia casa, cuando no los sustraemos de ella para comodidad nuestra y los ponemos a nuestra disposición en zoológicos, acuarios o delfinarios.

Yo ya se que no iré a África a contemplar los animales que Félix me mostraba en las páginas de su enciclopedia. Ya no sería capaz de participar en ello con el espíritu ingenuo de conocer lo indómito y salvaje. 
Sebastián López

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Otro de los grandes temas que trae AVHA a Sevilla es el de los Animales Salvajes que sufren y mueren en cautividad para satisfacer las necesidades de entretenimiento del hombre, así como su uso en pretendidas actividades educativas como son los zoológicos y acuarios. María Moreno, de la Fundación FAADA, no habla del tema este 16 de junio.



sábado, 21 de mayo de 2016

Derecho Animal. Una realidad ¿Una revolución?

Cuando conocí a Anna Mulá en las primeras jornadas de Derecho Animal de Cádiz y, junto con mis compañeros, le comentamos la situación en la que nos encontramos con respecto a la proliferación de iniciativas en pro de la protección y defensa animal, coincidimos con ella, quizá con un optimismo contenido, en su percepción de semejanza con la pasada revolución del derecho ambiental que ella vivió al principio de su carrera profesional. Y, si, me gusta soñar con esta idea.
Lo diré bajito para no despertar a los antiguos pero presentes fantasmas de la supremacia humana sobre todas las cosas: “Creo que estamos en una Revolución”…
Al margen de los debates abiertos a nivel filosófico y científico sobre los derechos de los animales y sobre las cualidades que justifican su merecimiento, el Derecho Animal es un término que ya no nos es ajeno o estrafalario.
Independientemente de la Declaración Universal de los Derechos Animales, aprobada por la ONU y la UNESCO a finales de los años 70 (para muchos desconocida y que ha sido también criticada por algunos de sus contenidos),  y que en si misma sólo supone una declaración de intenciones, la nueva percepción de la realidad que viven los animales, tanto salvajes como domésticos, unida a la expansión del nuevo modelo ético de la relación entre el hombre y los otros animales, ha ido calando en los profesionales del derecho, y de ellos a las instituciones, de manera que la defensa legal y con ello el nivel de protección ha logrado impregnar las normas legales y la jurisprudencia.
Sin embargo, la consideración de los animales como poseedores de derechos per se dista aún mucho de ser tenida siquiera en cuenta por algunos filósofos y también por legisladores, amparándose en cuestiones tan poco defendibles hoy en día como las diferencias cognitivas o de percepción del dolor, la autoconsciencia o la indisoluble relación entre derechos y deberes.
La consideración moral de los animales y el reconocimiento de derechos como la sustracción al dolor y la evitación de la muerte innecesarias, está cada vez más justificada por el conocimiento científico y asumida por la sociedad. El estatus legal actual de los animales es el mismo que el de las cosas que usamos y poseemos, heredado de los planteamientos mecanicistas cartesianos. Esto está cada vez más en discordancia con el nuevo paradigma moral basado en la empatía, la compasión y la ruptura de la barrera especista.
A la reconocida capacidad de experimentar y expresar emociones, de forma tan similar a la nuestra en muchos casos, se le añaden los nuevos conocimientos sobre cognición animal y neurobiología de las especies animales, y las investigaciones sobre evolución del comportamiento que evidencian clamorosamente lo que tenemos en común con el resto de los animales, más que lo que nos separa de ellos.
Hitos como la Declaración de Cambridge sobre la Conciencia Animal, redactada por un grupo de trabajo de neurocientíficos en 2012, o el reconocimiento en 2014, de Sandra, una orangután del zoológico de Buenos Aires, como sujeto de derechos reconocidos en la Constitución por la justicia Argentina sobre privación de libertad de las personas, acción promovida por la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales, o el triunfo de la Iniciativa Legislativa Popular que consiguió la abolición de las corridas de toros por el Parlament de Catalunya en 2010, indican que algo está cambiando.
Pero también cuentan las pequeñas victorias que se están produciendo en los tribunales con sentencias condenatorias sobre el maltrato, la prohibición de los circos con animales en muchos ayuntamientos de España o la aprobación de ordenanzas municipales más respetuosas con la convivencia de animales de compañía. Todo suma.
Muchas personas de relevancia científica o jurídica están ayudando a construir poco a poco un Derecho Animal que será consolidado con el apoyo de la sociedad y de las organizaciones que luchan por los derechos de los animales. Poco a poco, también vemos el reflejo de su trabajo en la impregnación de contenidos de protección y bienestar animal en normativas de diversos ámbitos de aplicación y esperamos que, más pronto que tarde, el respeto y la aceptación de los animales en nuestra comunidad moral se vea reflejada plenamente en el derecho civil, penal, constitucional e internacional.

Creo que la revolución no ha hecho más que empezar. Quedan muchas etapas por cubrir y abordar siquiera, como el trato de los animales de granja, hasta ahora asunto intocable, y acabar con los festejos populares donde se utilizan animales, pero si ahora no paramos, la justicia para los animales será algo con lo que conseguir una sociedad más compasiva, solidaria y pacífica.
Sebastián López
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AVHA, es consciente de esta labor y por esto ha tratado estos temas en actividades anteriores como la de la Protección Jurídica de los animales en Andalucía, por Miguel Ángel Martín, y ahora trae a Sevilla, a Anna Mulá, abogada que trabaja para distintas organizaciones y en distintos ámbitos por la defensa animal y que participó en la acción por la abolición de las corridas de toros en Cataluña. Ella será la encargada de impartir la conferencia DERECHO ANIMAL, el día 24 de mayo de 2016.



domingo, 10 de abril de 2016

A propósito de lo legal. Otra reflexión animalista


La primera cuestión que se nos viene a la cabeza cuando intentamos conocer cuanto del ordenamiento jurídico afecta a la protección (o desprotección) de los animales, es dar un repaso al objeto y ámbito de lo regulable, es decir, a que animales y a que ámbitos de la actividad y del comportamiento humano nos estamos refiriendo.
Con la mirada del activista animalista, hacemos un repaso mental de todas las situaciones en las que de forma regular o frecuente hay animales que sufren a manos del hombre -muchas de las cuales han salido a la luz gracias a la creciente sensibilización social- y el resultado nos apabulla de entrada. Nuestra relación con ellos, de forma directa o indirecta, es mucho más extensa de lo que somos conscientes: criamos y usamos constantemente millones de animales, -domesticados o no-, para la obtención de productos de consumo, para el deporte o la caza, como diversión y entretenimiento, con pretendidos fines educativos o científicos y, al fin, como animales de compañía.
En cada uno de estos ámbitos existe abuso, maltrato y verdadera tortura y muchas más veces de lo que quisiéramos reconocer, esto se hace de forma legal.
La cosificación de los animales y la negación de la consciencia y de la capacidad de sufrir de los animales, ha sido, y aún es, la justificación para que el reconocimiento de la existencia de un perjuicio físico y psíquico no dependa de esa capacidad que, al menos todos los vertebrados, tenemos y que está avalada por el conocimiento científico, sino de su consideración legal y de que exista una norma que así lo sancione.
El diferente estatus y tutela legales de que dotamos a los distintos animales basado en un interés puramente antropocentrista, hace que aptitudes y comportamientos que suponen, cuando menos el mismo daño –si no más dolor y sufrimiento-, sean aceptadas y admitidas como naturales o inevitables cuando, si las desnudáramos de su interés social y económico, serían éticamente inaceptables.
Si a un caballo, o incluso a una vaca criada para carne o leche, a alguien se le ocurriera clavarle una divisa, banderillas o alancearlos hasta la muerte, incurriría en un delito y a todo el mundo le parecería una barbaridad, pero si lo autorizamos y lo convertimos en un espectáculo público, no pasa nada. Pero es lo que hacemos con animales tan iguales a los citados como el toro de lidia –raza de la misma especie que la vaca: Bos taurus-.
A ese nivel de hipocresía legal se puede llegar en nuestro ordenamiento jurídico, donde en un mismo artículo del código penal, el 337, se perpetra semejante desfachatez moral.
Y que decir de los intentos de acallar las conciencias con las consabidas normas de protección animal en granjas y mataderos. De entrada y conociendo las condiciones reales en las que se crían, viven y mueren estos animales, el termino de protección me parece una broma de mal gusto que ya alcanza niveles de sarcasmo cuando en el título de la norma estatal sobre mataderos, aparecen en la misma frase las acciones de protección y de matanza dirigidas hacia los mismos sujetos, los animales.
Por otro lado, los intentos de hacer verdaderas leyes de protección animal –por ahora solo de rango autonómico en España- se han quedado prácticamente restringidas a los animales de compañía y aunque, como en el caso de Andalucía recogen una serie de obligaciones y prohibiciones generales, se ve claramente en que animales estaban pensando los legisladores a la hora de su redacción, provocando verdadera confusión para el caso de animales ya regulados en normativas específicas o dejando a la interpretación los casos en los que no existe legislación, como ocurre con los animales salvajes en circos, cuya forma de vida y adiestramiento ya llevan implícito el maltrato.
Otro ejemplo, el de los animales salvajes en parques zoológicos, refleja la poca importancia que también se le ha dado a la extracción de animales de su hábitat y a su confinamiento antinatural de por vida. Un solo artículo y apenas un par de párrafos recogen las condiciones de bienestar animal, que si hubiera que cumplirlas con rigor científico la única manera de hacerlo sería devolviendo a los animales a su lugar de origen.
Es curioso, como en el caso de la fauna salvaje, es mayor la preocupación en términos de especie que de individuos, lo que está bien si pensamos en la conservación de las especies en su hábitat natural ya que eso significa el bienestar de sus individuos, aunque si hay que cazarlos ya es otra cuestión. Otra asignatura pendiente.
Esto son solo algunos ejemplos y aún reconociendo los tímidos avances en la legislación, incluido el del citado código penal, desde el punto de vista de la protección animal, la técnica legislativa es tan defectuosa que las personas que dan por sentado que un hecho, que a todas luces es sancionable o punible, acaban en la decepción o la desesperanza cuando reclaman de los poderes públicos una intervención consecuente con el sentido común. Aquí hay que reconocer la labor de organizaciones y abogados animalistas que pacientemente y con mucha profesionalidad luchan a distintos niveles por encontrar el camino en el marasmo normativo y por afianzar cada vez más los cambios hacia una consideración jurídica beneficiosa para los animales.
Las leyes y normas que nos damos deben ser el reflejo de la exigencia social, de la moral actual y una forma de resolver conflictos de derechos, por eso debe ejercer al mismo tiempo una acción formativa que acabe normalizando aquello por lo que se crearon. Impregnar el Derecho Administrativo con contenidos de protección animal está bien y es necesario para prevenir, pero se precisa de una mayor coherencia con el espíritu de lo que se pretende y disponer de  herramientas eficaces para su aplicación. Si no es así, el fracaso del Derecho Administrativo nos lleva a recurrir a posteriori al Derecho Penal, como ocurre en tantas ocasiones.
El necesario abordaje de una verdadera norma integral de Protección Animal, a nivel estatal, es una promesa demasiado tiempo postergada sin una justificación aparente ya que las propuestas y el apoyo social existen. ¿Acaso se espera que las cuestiones más conflictivas, como el mundo de los toros, desaparezcan por si solas? Los animales no se merecen esperar tanto.
Los que trabajamos por su defensa estamos en el camino, en el mismo que afortunadamente también se encuentran cada vez más profesionales del derecho y responsables de administraciones pequeñas, pero queremos ver en él a los responsables políticos que afronten con valentía el cambio de paradigma en la cobertura legal de los animales que la sociedad reclama.
Sebastián López
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Este, de los aspectos legales de la Protección Animal, es uno de los temas ineludibles cuando se trata de aportar información a las personas a las que queremos concienciar o simplemente provocar la inquietud de informarse y formarse. Por eso hemos visto muy oportuna la intervención de Miguel Ángel Martín, que el póximo día 21 de abril nos dirigirá la charla "La Protección Jurídica de los Animales en Andalucía. Titulares y Realidades", dentro del ciclo de AVHA. 
https://www.facebook.com/asociacionvinculohumanoanimal/
https://www.facebook.com/events/1730931560527359/


martes, 15 de marzo de 2016

Una Evidencia Incómoda


Criar animales para el consumo humano y satisfacer la demanda, generada en el consumidor por la propia industria, que multiplica la oferta que alimenta a su vez la demanda, y hacerlo a un precio asequible y sin incrementos apreciables, es un sistema de una perversión tal, que tarde o temprano no puede resistir al análisis sobre quiénes son los que están pagando la diferencia entre una producción cada vez mayor a un coste tan rentable para la industria de la carne, huevos, leche o de la piel.
Quién se ha adentrado un poco en el oscuro mundo de la producción industrial de animales y de su sacrificio sabemos que son los animales los que están pagando en primer lugar, aquí y ahora, en cada minuto que pasa. La mayoría desde el minuto 1 después de su nacimiento hasta el final de sus cortas o cortísimas vidas, los más privilegiados puede que sólo al final de una breve existencia productiva.
Otra parte del precio la pagamos las personas, consumidores y no consumidores de esos productos, con la salud. A pesar de las normas y los controles sanitarios, bien intencionados o no (ya que muchas de las normas están hechas a la medida del sector), la propia naturaleza excesiva del sistema de producción masiva genera unos riesgos potenciales y reales asociados a los alimentos y a los residuos que son difíciles de valorar y cuantificar.
En tercer lugar, una parte muy importante del precio de lo que nos comemos la está pagando ya el medio ambiente y subsidiariamente las personas que en el mundo se ven privadas de lo más básico, entre ello de agua y alimento, como consecuencia de la sustitución de hábitats y explotación de tierras para alimentar el ganado, del derroche y secuestro del agua y de la contaminación de los recursos hídricos, del suelo y del aire,  por ende con una contribución destacada al cambio climático.
Y lo peor es que seguiremos pagándolo durante las próximas décadas, o quien sabe si para siempre, si no somos capaces de asumir mentalmente la hipoteca que deberán pagar las próximas generaciones y promover un cambio en consecuencia.
Un modelo productivo basado en la rentabilidad económica con la excusa falaz de alimentar a la población mundial (demostrado fehacientemente insostenible), tiene además otro efecto perverso que no pagaremos con dinero. El consentimiento, consciente o inconsciente, hacía lo que de forma directa e indirecta les hacemos a los animales, nos pasará una gran factura moral y nos empobrecerá como personas y como especie. Ya lo está haciendo.

ALGUNOS NÚMEROS
Aunque las cifras pueden oscilar según el estudio de que se trate y muchas son estimaciones, en general fuentes acreditadas de diverso origen aportan datos contundentes que no podemos pasar por alto:
  • La población humana ya alcanza los 7.000 millones de habitantes y se espera que para 2050 seamos unos 9.500 millones de personas viviendo de este planeta.
  • La mayoría se alimenta de la agricultura y ganadería intensiva, siendo ya la ocupación de suelos dedicados a la ganadería o al cultivo de piensos destinados a ella, entre un 30% y un 45% de la superficie de la tierra libre de hielo.
  • Entre 60.000 y 70.000 millones de animales de granja se crían cada año en el mundo para el consumo de carne, huevos y leche.
  • Más de 6 millones de animales son matados cada hora para la alimentación.
  • El 99% de los animales que se comen en EE.UU. procede de granjas industriales. En todo el mundo el 74% de los pollos para carne, el 68% de gallinas ponedoras, el 50% de los cerdos, o el 43% del ganado vacuno para carne, se producen en granjas industriales, pero estos datos son de 2004, y el incremento de este tipo de industria ha sido exponencial en la última década.
  • La ganadería contribuye al cambio climático aportando más gases de efecto invernadero (GEI) que todo la combustión fósil emitida por el transporte: entre un 14,5 y un 18% frente a un 13-14%, respectivamente.
  • Entre los GEI de larga vida (químicamente estables desde décadas hasta siglos) se encuentran el CO2, el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O). La industria de la ganadería y sus derivados representan un 51% del total anual de emisiones de estos gases (entre 35-40% del metano, un 65-75% del óxido nitroso y unas cantidades difíciles de calcular de dióxido de carbono pero que se ha estimado en unos 32.000 millones de toneladas/año).
  • Otros gases contaminantes como el amoniaco (NH3) procedente del estiércol puede suponer el 74% de la emisión mundial, pero además la contaminación por sus residuos sólidos y líquidos que acaban en el agua o en los suelos es incalculable: sólo en EE.UU., se generan cada minuto 3,175.000 kg de excrementos de los animales criados para alimentación.


  • La agricultura animal consume entre un 20% y un 33% de toda el agua dulce consumida a nivel mundial. El desequilibrio en el consumo de agua se visualiza bien con los siguientes datos:
    • 5.500 litros de agua para obtener 1 Kg de carne de bovino.
    • 900 litros de agua para ½ kg de queso.
    • 1.000 litros para conseguir 1 litro de leche.
  • Se necesitan 900 kg de grano para producir la carne que alimente a una persona durante un año, mientras que sólo se consumirían 180 kg de grano si esa persona lo consumiera directamente.
  • La ganadería ocupa el 45% de la superficie total de la Tierra, siendo responsable en gran parte de su desertificación. El 91% de la destrucción de la selva Amazónica es consecuencia de la irrupción ganadera.
  • La resistencia a los antibióticos cada vez más patente tiene que ver mucho con los que se vierten al medio. El 80% de los antibióticos que se venden en EEUU están destinados a la ganadería (unos 7 millones de kg al año)
  • El 82% de los niños que padecen hambre en el mundo, viven en países donde gran parte de los recursos agrícolas se dedican a la alimentación de animales que después serán consumidos en países occidentales.
  • El consumo medio de carne de un estadounidense es de 94,8 kg de carne al año. En España, en 2014, el consumo de carne y productos cárnicos fue de 54,5 kg por persona y de 135 litros/kg de leche y lácteos.
  • 95.000 millones de animales se sacrifican cada año para el consumo humano, ya sea en la industria alimentaria, incluida la pesca, peletera o experimentación y otros usos. Esto implica la muerte provocada de 3.000 animales por segundo.
  • Solo en España, en 2014, se sacrificaron en mataderos unos 1.700 millones de animales (exactamente 1.659.386.764, según datos oficiales del MAGRAMA).

ALGO FALTA
No es necesario ser mucho más exhaustivo en el análisis cuantitativo para darse cuenta que desde el punto medioambiental, de la salud y de la desigualdad social este modelo no es sostenible, pero hay otra cuestión en la que todos deberíamos poner también el foco de atención ¿es sostenible en términos de sufrimiento?
Cuantificar el sufrimiento es siempre difícil, por no decir imposible. Cuanto sufrimos es algo que está expuesto a la subjetividad del individuo. ¿Depende de la intensidad del dolor? ¿De la frecuencia? ¿De la adaptabilidad y resistencia? ¿De si la afección es física o psíquica?. Lo único que sabemos es que nosotros y todos los demás vertebrados, y es posible que muchos invertebrados, somos capaces de sufrimiento.
Pues entonces, podríamos hacer el siguiente cálculo grosero: dejando a un lado el nivel de sufrimiento que un animal padece en algún momento de su vida y sabiendo lo que sabemos sobre si existe o no sufrimiento en las vidas de todos los seres capaces de sentirlo, quitemos de la suma a la especie humana que sufre por la especie humana y quitemos a invertebrados y también a la mayoría de los peces que se capturan en el mar, incluso a los animales que son maltratados de muchos modos. Dejemos solo a los animales que son criados y sacrificados para la obtención de carne, huevos, leche o de su piel y consideremos a cada individuo de ellos como una unidad de sufrimiento, ya que sabemos que la fiabilidad de que sufren es del 100%, y obtendremos la estimación de unos 95.000 millones de unidades de sufrimiento al año (unas 3.000 unidades de sufrimiento /segundo, que son los animales que se sacrifican en esa unidad de tiempo).
La cifra me parece tan brutal que la imaginación no es capaz de abarcar su significado.
Pero ¿realmente las cifras son capaces de motivarnos para asumir la necesidad de un cambio? Los números son sólo eso números, lo que importa son los individuos.
 (…) el sufrimiento es el origen de todas las imágenes, gritos y gruñidos (crudos e interpretables, pequeños y grandes) que nos conciernen. La palabra define nuestra mirada más aún que aquello que miramos.
En el fondo de nuestra mente quizá entendemos, sin toda esa ciencia (…), que está pasando algo terriblemente nocivo. Nuestro alimento procede del sufrimiento. Sabemos que si alguien nos ofrece la posibilidad de mostrarnos una película sobre cómo se produce la carne que comemos, lo que veríamos sería una peli de terror. Quizá sepamos más de lo que queremos admitir y preferimos sepultarlo en los rincones oscuros de nuestra memoria: ignorarlo. Cuando comemos carne procedente de granjas industriales estamos viviendo, literalmente a base de carne torturada. Cada vez más, esa carne torturada se está convirtiendo en la nuestra.”
Jonathan Safran Foer


Fuentes de información consultadas:
- Isabel Bermejo, 2010. Agricultura y cambio climático en http://www.ecologistasenaccion.es/article19945.html
- 4 informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) en: http://www.ipcc.ch/publications_and_data/publications_ipcc_fourth_assessment_report_wg1_report_the_physical_science_basis.htm
- Ministerio de Agricultura Alimentación y Medio Ambiente, 2015. Informe del consumo de alimentación en España 2014. En: http://www.magrama.gob.es/es/alimentacion/temas/consumo-y-comercializacion-y-distribucion-alimentaria/informeconsumoalimentacion2014_tcm7-382148.pdf
- Ministerio de Agricultura Alimentación y Medio Ambiente, 2015. Encuesta Anual de sacrifico de ganado en mataderos 2014. En: http://www.magrama.gob.es/es/estadistica/temas/estadisticas-agrarias/ganaderia/encuestas-sacrificio-ganado/
- Una extensa lista de referencias se encuentra en la web de Cowspiracy: http://www.cowspiracy.com/facts
- FAADA-La Diferencia (creative productions), web del Documental Empatía: http://documentalempatia.com/datos/
- Jonathan Safran Foer, 2009. Comer Animales. Seix Barral, 2012.
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El documental Cowspiracy se adentra en alguna de las cuestiones cruciales que nos afectan a todos para un futuro sostenible y propone algunas salidas para el dilema que se nos plantea. Es sólo un esbozo de la realidad pero aporta nuevos argumentos para aquellos que ya pusimos el foco en los aspectos más crueles de la producción industrial de animales y también para aquellos que aún no les preocupa el sufrimiento de estos seres.
En AVHA creemos que todo suma y por eso lo traemos a Sevilla, el 31 de marzo.