sábado, 3 de diciembre de 2016

Vida de Equinos


Llevar una “vida de perros”, siempre tiene una connotación negativa y no está injustificado por que la existencia de estos animales ha sido especialmente dura en el pasado, especialmente cuando no eran apreciados compañeros de casa, y aún hoy un buen porcentaje de ellos siguen padeciendo unas condiciones muy duras como resultado de su explotación o a consecuencia de su abandono.
Pero, que decir de la vida de otros animales, tan cercanos y tan ligados históricamente a la vida de los humanos, como burros, mulos y caballos ¿Acaso no merecerían sus vidas la misma consideración próxima a una condena?
Quizás estamos acostumbrados a la visión de los perros vagabundos, buscándose la vida por las calles y caminos, algunos en un estado lamentable, otros incluso con heridas y traumas ostensibles cuando no como cuerpos inertes y deformes en las carreteras. Sin embargo no deja de existir lo que no vemos.
Equinos domésticos de todas las especies y razas sufren en muchos casos peor trato y abandono en sus lugares de estabulación o trabajo. En general son animales considerados duros, y es verdad que muchos de ellos son capaces de aguantar las peores condiciones sin quejarse y que si no se observan con ojos de conocimiento equino no acusan síntomas claros de su precaria salud hasta casi la caquexia o la inmovilidad. Pero esto no significa que no sufran desde el primer momento del maltrato físico y psíquico ya que son animales muy sensibles.
Si hay algún tipo de animal al que le hayamos asignado claramente el papel de máquina, este es el del equino domesticado. No en balde la unidad de fuerza que se le asigna a los motores de vapor, de combustión o eléctricos, es el caballo de fuerza, una unidad de potencia que, cuando se inventó el motor a vapor, medía su equivalencia frente a la potencia que antiguamente desarrollaba un caballo enganchado a cualquier sistema de tracción mecánica.
Un caballo, un mulo o un asno eran, y aún hoy siguen siendo en muchas actividades, máquinas donde el combustible es el forraje o el pienso. Máquinas de alto rendimiento y las más de las veces bajo coste de mantenimiento.
Las compensaciones que los pobres animales reciben a cambio de tan duro trabajo no cubren en la mayoría de las ocasiones las expectativas de una vida sana física y emocionalmente. Aunque muchos son mantenidos en prados o dehesas cercadas en las zonas húmedas donde disponen de unas condiciones ambientales adecuadas, pasto suficiente y libertad de movimientos para desarrollar su comportamiento, o en régimen de semilibertad como la que gozan algunas razas de caballos, otros muchos viven en explotaciones ganaderas donde sufren las inclemencias del tiempo sin agua, refugio y alimento suficiente.
Unas veces por negligencia u otras por abandono del uso para el que se adquirieron, acaban sufriendo enfermedades y lesiones provocadas por una ausencia de cuidados e higiene o una escasa o inadecuada alimentación. Las condiciones de estabulación permanente en espacios reducidos o en boxes lleva al desarrollo de importantes trastornos emocionales que derivan en estereotipias, autolesivas a veces y muy difíciles de recuperar.
Es muy común encontrar a mulos, burros o caballos maniatados en fincas sin vallar o por los bordes de caminos o carreteras. Trabar las patas de estos animales inconcebiblemente está permitido, y aunque gracias a este sistema sus propietarios pueden dejarlos pastar en zonas donde de otra forma no se les permitiría, la limitación de movimientos y las rozaduras con todo tipo de materiales usados para atar las patas del animal se pueden prolongar durante horas y días, exponiéndolo además a situaciones de peligro por atropello o caídas.
Especialmente triste son los casos de burros y mulos, explotados en el duro trabajo de carga o tiro, que trabajan sin apenas descanso y que viven solos, sin tiempo para desarrollar su relación con otros animales de su especie y sin ningún tipo de aliciente vital, solo la rutina infinita. O la vida de esos caballos, sobrepasados de arneses y arreos, todo el día de pie, lastrados de un carruaje de por vida. También la miserable vida circular de esos ponis usados en carruseles de feria.
Animales tratados como objetos para la ostentación o el acarreo de paseantes o todo tipo de bártulos en ferias y romerías, muchos de alquiler y que caen en manos de irresponsables que los llevan hasta la extenuación o la muerte en casos extremos.
Pobres vidas de equinos, sin un futuro apacible, sin el merecido descanso, cuya jubilación será el matadero. Sufridas vidas de equinos, de animales domesticados para el trabajo o el capricho de la monta. Abandonados a su suerte cuando resultan caros y poco rentables.

Animales que merecen una segunda oportunidad, terminar sus días felices cuidados por personas que han mirado en el cristal de sus ojos y han conectado con ellos. Lejos quedan las verdes praderas y estepas de sus ancestros salvajes, ya no pueden escapar de la dependencia humana, pero si vivir otras vidas de equinos que no signifiquen el yugo y el trabajo no compensado. Si, si dignificamos el vínculo que existe entre ellos y nosotros y comprendemos cuanto nos pueden dar. 
Sebastián López
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Afortunadamente ya hay un buen puñado de personas en el mundo que están defendiendo a estos animales tan bellos y sensibles, rescatando, denunciado o acogiéndolos en santuarios y refugios donde se les regala una nueva vida. Tal es el caso de las personas que atienden El Refugio del Burrito y a los que invitamos a compartir con nosotros su experiencia dentro de las actividades de AVHA.
 

miércoles, 30 de noviembre de 2016

75 Minutos de Carne


Ayer, martes 29 de noviembre, se emitió dentro del programa “La mirada de Bea”, de Canal Sur Andalucía, el debate titulado “Carne”, en el que participé por invitación de la productora. Dicho programa se emite tras el de “75 minutos”, una serie de reportajes de actualidad que marcan el contenido de la tertulia posterior y que en este caso trataba precisamente este tema, La Carne.
Tengo que aclarar, que dicha tertulia se graba con antelación a la realización de 75min. y que los tertulianos no teníamos conocimiento de los reportajes que se iban a emitir, por lo que el desarrollo del debate se hace con total independencia de dichos contenidos a excepción de Bea, directora de ambos programas y que es la que lo inicia y participa como una más.
Mi participación se suponía era en calidad de representante del colectivo animalista y de vegano, es decir, como contrapunto a la defensa a ultranza de la explotación y consumo de animales por parte de los otros participantes que fueron una ganadera de vacuno en extensivo y un ganadero e industrial de carne procesada de cerdo.
Aunque es lógico que en el montaje final muchos diálogos se hayan eliminado ya que se graba el doble de lo que se emite, si creo que algunos aspectos básicos de lo que se habló merecen comentarse y como no puedo evitar saber que estuve allí y comenté aspectos que responden a los argumentos de la parte omnívora, creo necesario hacer las siguientes consideraciones tanto al programa de 75 min. como al debate posterior.
En primer lugar tengo que decir que no entiendo muy bien mi presencia en ese debate que se supone que está relacionado con el tema que se trata en los reportajes del “75 min”, cuando éste ha sido exclusivamente una exaltación de la industria ganadera y cárnica y una incitación, no declarada abiertamente, al consumo de carne. No hay en esos 75 minutos de programa ninguna controversia a excepción de los datos sobre un par de impactos medioambientales de la cría del ganado, en la cabecera del programa que después no se tocan ni se explican.
Seguramente si hubiera conocido el contenido de este programa no hubiera acudido ya que en el contexto de ambos programas, la defensa de un consumo más ético, responsable, justo y solidario estaba en clara desventaja. Y no es que no le agradezca a Bea el haberme dado voz, ya que creo que hay que aprovechar todas las oportunidades para que seamos la voz de los que no la tienen, seguramente hubo buena intención pero el planteamiento principal no tiene nada que ver con un foro de debate equilibrado.
Sobre el propio programa de reportajes, muy bien realizado como siempre, decir que hoy día ya no es justo ni responsable hacer un programa serio sobre el papel de la carne en la alimentación humana tan sesgado hacia las bondades de nuestra industria de cría y elaboración. En el amplio repaso a varias industrias de cría, matanza y procesado de la carne, modélicas todas ellas en cuanto a control sanitario, calidad del producto y cumplimiento de normas de bienestar animal, los animales quedan retratados como lo que son para la mayoría de las personas que viven de ello y para los que los consumen: trozos de comida inerte, los animales no cuentan, son un factor en la ecuación cuyo resultado final es la rentabilidad económica y la satisfacción del paladar.
Pero no nos engañemos, aún considerando que las industrias que salen son de loar en cuanto a pulcritud, control sanitario y laboral y calidad del procesado del producto, esto no es la norma en muchas granjas industriales y explotaciones de nuestro país o de otros países de Europa.
La alimentación del mundo basada en la carne tiene consecuencias negativas muy graves sobre la calidad del ambiente en el que vivimos, directos o por su influencia sobre el clima, pero también sobre la salud humana, la biodiversidad, el bienestar de los países productores de ganado o del grano para alimentarlo, y especialmente sobre la vida de los animales. Impactos que se irán acrecentando exponencialmente por el previsible aumento en el consumo de carne (reflejado en el programa) y que harán incompatibles el crecimiento demográfico y la sostenibilidad del planeta, pero eso, por ahora, no lo queremos ver por que estamos centrados en el sostenimiento de los puestos de trabajo y del PIB.
Nada de eso aparece en los 75 minutos de programa. Reconozco que yo, como persona sensibilizada y consciente de lo que veo cuando contemplo las imágenes de los trozos de animales que han estado cortando, descuartizando, machaconamente a lo largo de todo el programa, he tenido que apartar la vista en numerosas ocasiones y que esto, a una gran mayoría de espectadores, probablemente les despierte el apetito por que sólo ven comida. Eso si, nos han ahorrado la parte más aversiva del proceso: la extracción y “empaquetado” de los animales para su traslado al matadero y los procesos previos a la muerte y por supuesto la matanza ¿Por  qué? Pues porque eso ya entra en el terreno de lo desagradable, normalizado pero desagradable, y afea un poco la supuesta buena vida de los animales. Porque en el fondo la mayoría somos sensibles a la visión del sufrimiento.
Todos los animales para el consumo tienen cortas vidas, algunos horas o minutos como los pollitos machos en la industria del huevo, otros poco más de 40 días, como los pollos para la carne, de 45 a 60 días un cabrito, 100 o 120 días un pavo, 14 o 15 meses un becerro, y estos son datos de los reportajes de los que hablamos que se exponen con la total normalidad. Hablamos del sacrifico de bebés y ni siquiera se les cambia el gesto.
Igualmente se habla del sacrificio Halal, sin aturdimiento, como la práctica de matar de toda la vida. Y nos parece NORMAL. También han tenido el cuidado de rodar una matanza domiciliaria después del sacrificio y en la que éste se ha hecho en matadero con todas las normas de bienestar animal del mundo (nunca he entendido las leyes de bienestar animal en el momento de la matanza), pero no se cuenta que las prácticas de sacrificio de cerdos en domicilio se siguen realizando en determinados ayuntamientos excepcionados de Andalucía y que en ellos tampoco hay aturdimiento y si una total falta de “bienestar animal” y una tortura indescriptibles (ver cualquier vídeo de youtube).
Las cantidades que también salen en el programa, que se venden como excelencia de producción, tienen detrás escalofriantes cifras de animales sacrificados sólo en las explotaciones entrevistadas (150.000 corderos, cabritos o cordero lechal, de 56 a 57 millones de pollitos que se convierten en 30 millones de pollos listos para comer, de 9 a 10 vacas diarias –multiplicad-). Todo esto son vidas que son tratadas como maquinas de hacer carne.
Evidentemente este no era un documental sobre la carne, sino sobre los hábitos de consumo de carne de los andaluces y la industria que abastece a este mercado. No hubo siquiera un cuestionamiento sobre la cantidad de carne que incorporamos a la dieta ¿mediterránea? Más bien al contrario, la reacción a la pregunta de cuanta carne comemos es jocosa y simpática ante el reconocimiento de que será toda la que se pueda. ¿Acaso una televisión pública pueda propiciar este mensaje cuando todas las recomendaciones sanitarias de los organismos de salud nacionales e internacionales están por la reducción de carne a favor de los vegetales para mejorar el estado de salud y prevenir ciertas patologías?
En cuanto al debate, quisiera hacer las siguientes aclaraciones:
Hubo algunos argumentos que se utilizaron sin mucho fundamento. Uno de ellos es el de esgrimir como una justificación a la forma en que se trata a los animales, el cumplimiento de la normativa de bienestar animal. Por supuesto que es lo mínimo que se les puede exigir, pero si tenemos en cuenta que las normas de bienestar animal permiten ciertas prácticas de cría y sacrificio que suponen el sufrimiento en muchos casos, esto no es decir mucho. Baste un ejemplo: aunque en algunos países del norte de Europa ya no se permite la cría de gallinas en jaula, aquí todavía constituye el porcentaje mayoritario de las aves ponedoras (son las del nº 3 que son más baratas, claro) y el espacio mínimo permitido de suelo de la jaula es poco más grande que un papel A4 y eso con todos los perejiles de “enriquecimiento” ambiental.
Cuando uno lee la legislación europea, que dista mucho de la de países como Estados Unidos que se crean ad hoc para el industrial y por el industrial, podemos creer que hemos avanzado mucho pero olvidemos las peores comparaciones y pensemos en los animales ¿No debería partir de nosotros el que estuvieran lo mejor posible si de verdad los cuidamos sin que lo hagamos por imposición legal?
Otro argumento fue el de la necesidad de comer carne porque es la fuente por excelencia de proteínas sin la cual no se puede tener una buena salud. No merece mucho la pena adentrarse en ello cuando cientos de estudios y las vidas sanas de millones de vegetarianos en el mundo avalan que la alimentación sin carne es tan saludable como la omnívora bien llevada, cuando no son mejores sus expectativas de salud en escenarios sociales y económicos comparables.
El argumento de la tradición como justificación a la ingesta obligada de carne no merece más comentarios. La tradición nunca es justificación de nada, en todo caso lo explica.
Tampoco es muy acertado el argumento de que cuidamos a los animales para comérnoslos y que si no fuera así, ¿qué seria de ellos? ¿Se extinguirían? Y si acaso fuera así ¿no sería mejor la no existencia que la breve y miserable vida que padecen?
Por último, no quiero dejar de incidir en que el cambio, que los que como yo intentamos fomentar, es inviable sin contar con una reconversión progresiva y contando con los sectores económicos. Es ingenuo pensar que esto se pueda hacer de la noche a la mañana ¿A que viene entonces tanto miedo a que las pocos logros que consigamos van a arruinar al sector?. Es irónico porque la comparación de fuerzas entre el movimiento por la defensa de los animales de granja y la industria cárnica es como el de una hormiga frente a un elefante. Y un elefante muy influyente además.
Asumo que estas palabras puedan ser una mala estrategia para que nunca más se me invite a un debate de Canal Sur, pero creía que se las debía a los que me han seguido y me han animado en mi humilde intento de concienciar allá donde me den voz y no podía desperdiciar el poder de la televisión.
Por último, quiero dar las gracias a Beatriz por que a pesar de lo dicho, me parece una persona profesional y comprometida. Ojala que en el futuro se plantee de verdad hacer un programa valiente sobre los impactos de la carne y el trato a los animales de granja. Este era otro tipo de debate y quizás ha faltado haberlo hablado antes.
También tengo que decir que el equipo de la productora Cibeles nos ha tratado con verdadero mimo y aunque solo sea por la experiencia agradezco la oportunidad de participar en su programa. Si he conseguido al menos que algunos se hagan preguntas ya me ha valido.
Sebastián López
Aqui podéis ver los programas: 75 Minutos y La mirada de Bea.

 

martes, 8 de noviembre de 2016

La desconexión


Aunque tristemente hay personas que apenas experimentaron el contacto directo con animales durante su primera infancia, la mayoría de nosotros tuvimos la oportunidad de descubrirlos como una parte natural de nuestro mundo incipiente. Al menos con gatos o perros, u otras mascotas enjauladas, y los más afortunados con animales de granja. Frente a ellos la curiosidad pudo más que el miedo o la desconfianza, los tocábamos sin ningún pudor o recelo. Eran objetos blanditos, suaves, divertidos, apetecibles para el juego o el tacto.

Encuentros tutelados y alentados por nuestros padres y abuelos con la intención de enseñarnos algo bueno y positivo. Aunque aún muy temprano para sentir empatía o cariño hacia ellos, nos hicieron sentir bien a su lado. Eran parte de las cosas agradables del mundo.


Un poco más tarde, los descubrimos en los cuentos que nos leyeron, o en los dibujos animados, en pollitos, cerditos o vacas que siempre eran buenos y simpáticos, en todo caso victimas de otros animales salvajes que demonizamos pero que también fueron adorables peluches a los que quisimos con verdadero cariño. ¿Dónde quedó ese mensaje de protección y respeto que estos juguetes transmitieron, cuando crecimos?

Tener un animal doméstico de carne y hueso en casa fue el privilegio de unos cuantos que establecimos una verdadera relación de amistad, sobre todo ya en la niñez y adolescencia. Nuestro compañero peludo o alado no sólo era un juguete, también se convirtió en un compañero de juegos, en un amigo. Y, aunque con escasa asunción de la responsabilidad que esto conlleva, pasamos a considerarlo como alguien más de la familia.

Pero también empezamos a hacer una distinción. Había animales que vivían con nosotros y otros que no y a los que normalmente no les poníamos nombre. Nos enseñaron que la carne era buena y necesaria y que era natural que la obtuviéramos de esos otros animales que se criaban en granjas o se cazaban en el campo o en el mar.

Aprendimos que la muerte era parte del ciclo de la vida y que era natural que nos aprovecháramos de lo que nos animales nos daban con ella. Aprendimos en la escuela que hay unas cuantas cosas más que nos daban los animales, su leche, su pelo, sus huevos, pero esto parecía ser inocuo, nos lo cedían “generosamente” durante toda su vida. Y sin darnos cuenta ya no hicimos más preguntas.

Para la mayoría de nosotros la juventud trajo otras preocupaciones y, con la excepción de los que siguieron conviviendo con las mascotas de sus padres o crecieron en el medio rural, los animales pasaron a ser solamente protagonistas televisivos de documentales o aquellos seres que veíamos pastando felices en los prados cuando salíamos de excursión. El resto desapareció de nuestras vidas. Poco a poco y sin saberlo,… desconectamos.

Muy pocos nos preguntábamos que había entre ese ternero recién parido y que mamaba de su madre en la idílica imagen con un fondo verde y la ternera que nos ponían en el plato. Que sucedía antes de que ese huevo acabara en su envase en el supermercado o de que el beicon apareciera pulcramente plastificado en sus estantes. La industria se encargó de ello y nosotros dimos el consentimiento inconsciente.

Pero para otros esta desconexión tuvo un lado verdaderamente oscuro. Para los que tuvieron que vivirla de forma consciente y forzada. Es imposible sobrevivir al dolor que la empatía y la compasión, que son propias a la mayoría de las personas, producen al contemplar, e incluso infligir de forma continua, el sufrimiento de un animal.

Para aquellos cuya opción de vida los llevó al enfrentamiento diario con el proceso de producción animal, con su explotación, la desconexión fue un adormecimiento del alma, una lucha perdida contra la emoción. Claudicar ante lo que se sabe que no está bien. Perder el respeto y el propio reconocimiento de la vida. Olvidar su mirada, no verla. Contemplar un objeto.

Todo queda en el olvido y nuestro cerebro nos da permiso para tratar a los animales como productos que manufacturar, exhibir, explotar o como objetos de estudio o experimentación.

Pero es posible que al cabo de los años, no importa a que edad, tengamos un encuentro, un encuentro revelador. Una experiencia que nos conecta de nuevo. Puede ser la mirada de un perro, o un mugido suplicante o el contacto perfecto con la piel animal; o simplemente la visión del horror. Puede ser como el dolor de una herida que de pronto descubres o un lento despertar, pero siempre es doloroso.

Quizás ya has notado ese cambio o tal vez estás despertando ahora. Sientes que de nuevo estás conectado, que has restablecido el vínculo que por naturaleza nos une a todos los seres sintientes que compartimos la vida en la tierra. Y ahora te preguntas: ¿que pasó? ¿por qué no los veíamos, por qué nos alejamos tanto? ¿Cómo fuimos capaces de contribuir a tanto dolor?

Pero también sientes que todo está ahora bien, ahora que ya has completado el viaje que te alejó tanto de la realidad.

Acaso nunca desconectaste y entonces no comprendes la ceguera del resto del mundo, o tal vez todavía no ha llegado tu momento, y también es posible que la ceguera no se cure nunca, pero tengo la esperanza que algún día todos podamos vivir en ese Reino Apacible en el que el hombre no haga daño a los animales.

Sebastián López

(Texto inspirado en Peaceable Kingdom, el documental Jenny Stein)

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jueves, 27 de octubre de 2016

Programa de Actividades. Curso 2016 - 2017

PROGRAMA DE ACTIVIDADES DE CONCIENCIACIÓN Y DIVULGACIÓN
Asociación para el Vínculo Humano-Animal

 ·      14 de octubre de 2016
            FESTEJOS POPULARES TAURINOS Y BECERRADAS. LA DIVERSIÓN BASADA EN EL SUFRIMIENTO ANIMAL
            Conferencia y debate.
            por Virginia Iniesta, Veterinaria Vicepresidenta de AVATMA (Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal).

·      10 de noviembre de 2016
            PEACEABLE KINGDOM. THE JOURNEY HOME
            Proyección y coloquio sobre el documental del mismo nombre.
            AVHA.

·      15 de diciembre de 2016
            VIDA DE EQUINOS. LAS ALMAS DE EL REFUGIO EL BURRITO
            Conferencia y debate.
            por Verónica Sánchez, Directora de El Refugio El Burrito de Málaga.

·      12 de enero de 2017
            DIOSES, HIJOS Y ESCLAVOS: UNA VISIÓN CRÍTICA DE NUESTRA RELACIÓN CON LOS ANIMALES
            Conferencia y debate
            por Jaume Fatjó, director de la Cátedra de la Fundación Affinity Animales y Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona.
           
·      28 de enero de 2017
            A PROPÓSITO DE LAS AVES EXÓTICAS: CUIDADOS Y BIENESTAR EN CAUTIVIDAD
            Conferencia y debate
            por Carmen Mengibar, Veterinaria etóloga, por la Universidad de Córdoba.

·      9 de febrero de 2017
            DE LA PSICOLOGÍA ANIMAL A LA PSICOLOGÍA HUMANA: LO QUE APRENDIMOS DEL HOMBRE VIENDO COMO APRENDEN LOS ANIMALES
            Conferencia y debate
            por Santiago Benjumea, Catedrático del Departamento de Psicología experimental de la Facultad de Psicología de Sevilla.

·      24 de febrero de 2017
            MALTRATO ANIMAL EN LOS PERROS DE CAZA
            Conferencia y debate.
            por Virginia Iniesta, Veterinaria Vicepresidenta de AVATMA (Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal).

·      Semana del 6 de marzo de 2017
            SANTA FIESTA. El documental
            Proyección y Coloquio.
            con Miguel Ángel Rolland, productor y director del documental, Licenciado en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y realizador de numeroso documentales y cortos.

·      30 ó 31 de marzo de 2017 (fecha exacta por concretar)
            PRODUCCIÓN ANIMAL EN ESPAÑA: UN ANÁLISIS
            Conferencia y debate
            por María Moreno de FAADA (Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales), Barcelona.

·      22 de abril de 2017
            SANTUARIO ANIMAL
            Jornada que incluirá la proyección del documental SANTUARIO ANIMAL, realizado por Alma Animal, y mesa redonda posterior con el responsable del proyecto Santuario Animal y representantes de varios santuarios.
            con Javier Navarro, fundador de Alma Animal, Lucía Martínez de Santuario La Candela de Sevilla, Tamara Toboso y Nacho Aragón, ambos de Santuario La Pepa de Cádiz, y otros representantes aún no confirmados.

·      24 de mayo de 2017
            ANIMALES URBANOS
            Conferencia y debate
            por Andrea Torres de FAADA, Barcelona.

·      15 de junio de 2017
            GATOS EN EL ESPACIO URBANO. Consideración y gestión de las poblaciones felinas en nuestras ciudades.
            Conferencia y debate
            por Agnès Dufau, Presidenta de la Plataforma Gatera, Barcelona.

Está programación no está cerrada y puede ser susceptible de cambios. Aún quedan más actividades por confirmar que actualmente están en fase de diseño.
Todas las actividades se anunciarán en Facebook y Blog de AVHA, así como en su correspondiente evento de Facebook.

Sin vuestra presencia todo el trabajo que hay detrás para llevar a buen puerto los eventos son inútiles. Esperamos vuestra asistencia. El interés de los contenidos está garantizado.

domingo, 9 de octubre de 2016

Taller de Iniciación a la ALIMENTACIÓN VEGETARIANA Y VEGANA SALUDABLES


¿Por qué este taller?

Es posible que ya te hayas planteado hacer cambios en tus hábitos de alimentación que no impliquen dañar a los animales; que seas consciente del papel que el actual modelo alimentario juega en detrimento del medio ambiente y de la sostenibilidad del planeta; a lo mejor también intuyes lo injusto que es el sistema occidental de producción y consumo de alimentos para con los países en vías de desarrollo o que simplemente quieres cambiar a una forma de comer más sana sin incluir a los animales en tu dieta.

Si por uno o varios de estos motivos quieres iniciarte en la dieta vegetariana o vegana, pero las dudas sobre como hacerlo sin perjudicar tu salud, te impiden realizar el cambio, ahora tienes la oportunidad de que respondamos a tus dudas de la mano de Johana Gutiérrez.


foto cedida por Crónicas Herbívoras
También para aquellas personas que ya han adoptado la alimentación vegetariana o vegana, pero que necesitan unas pautas para que cubrir todas sus necesidades nutricionales de forma práctica, variada y creativa.







¿En qué consiste? 

Contará con una parte teórica y una práctica: 

PARTE TEÓRICA 
  • Introducción a la alimentación vegana y vegetariana.
  • Aspectos clave a nivel nutricional a tener en cuenta para ser un vegano o vegetariano saludable.
  • Consumo responsable y sostenible.
  • ¿Cómo debe ser tu dieta equilibrada? 

PARTE PRÁCTICA
  • Taller de platos principales completos.

--> Al final del taller habrá una degustación de productos proporcionados por los establecimientos colaboradores (Red Verde, La Alhacena a Granel y La Medida Cooperativa) acompañada de una cerveza artesanal.


CLAVES DEL TALLER

Imparte: Johana Gutiérrez, diestista-nutricionista responsable de Asesoramiento nutricional en ENTREENATE.

Dónde: El Gallo Rojo, Factoría de Creación
           c/Viriato 9, Sevilla

Cuándo: Sábado, 5 de noviembre de 2016, de 10:00 a 14:00 h.

Precio: 30 €

Información y reservas: johana@entreenate.es ó info.avha@gmail.com
--> Plazas limitadas
¡ VENGA, APÚNTATE YA !

 

lunes, 3 de octubre de 2016

¿Quién se acuerda de un juguete roto?


Los actos de crueldad y abandono sobre algunos animales con los que nos identificamos rápidamente por cercanía, perros y gatos sobre todo, despiertan en la mayoría de nosotros nuestra ira e indignación cuando conocemos de su maltrato. Si conociéramos el dolor que hay detrás de otros, un poco más lejanos, como los que se exhiben en circos, zoológicos y delfinarios también sentiríamos la lógica compasión. La visión del horror que padecen los que nos sirven de alimento, nos revolvería el estómago si nos dejaran y quisiéramos mirar, que no queremos.
Todas son reacciones lógicas y, con mayor o menor afectación, propias a la mayoría de las personas. ¿Por qué, entonces, es tan diferente la percepción que tiene la mayor parte de la gente que acude al espectáculo público de un pobre bóvido que es hostigado, jaleado y zarandeado, obligado a llevar fuego en su cabeza, entre otras vejaciones? ¿Por qué esa muchedumbre no ve lo que está delante de sus ojos, lo que es tan evidente: un animal sufriendo?
Dejarse llevar por la masa, la adrenalina o el alcohol, son factores que sin duda ayudan a la insensibilización, a la ceguera emocional, pero incluso para los espectadores no activos el asunto resulta trivial. La respuesta está en la normalización.
El toro de lidia, o “toro bravo”, es un producto (sobre todo made in Spain) creado para el uso y disfrute del pueblo en todas sus múltiples variantes y como tal se acepta, como un objeto diseñado para la diversión. Unas veces ritualizada y esperpéntica como las de la lidia en plazas, donde el dolor y el daño están programados hasta la muerte, otras veces alocada y sin control donde a excepción de unas pocas reglas todo vale.
Así, disponemos de varios modelos normalizados por las leyes taurinas y la inventiva popular, pero cualquiera de ellos independientemente de cuan corto o largo haya sido el proceso de producción (crianza) disponen de una autonomía de juego mínima. Una vida corta como la de los becerros utilizados en una suerte de pantomima de corrida, ejecutada por espontáneos del toreo, pero que divierte a todos con la tortura de un animal que todavía depende de la leche de su madre; o una vida un poco más larga, pero que por ello más llena de sufrimiento, en el caso de aquellos que llegan a la edad adulta para satisfacer un placer -¿humano?- totalmente banal y efímero.
Tanto esfuerzo ganadero, tanta parafernalia organizativa... y una vida animal desperdiciada para obtener un juguete que apenas dura una hora en las manos crueles de la plebe.
fotograma de un Rally contra los animales de Pacma
A excepción de los que incluimos en nuestro círculo de compasión a todos los animales, para la mayoría no constituyen un acto de maltrato cruel el vociferante asedio y la carrera de espanto de los encierros, la inmovilización por la testuz y el arrastre forzado o el pánico de llevar en su cabeza dos bolas de fuego. Sólo son algunas de las vejaciones impuestas al toro y que según sus promotores y participantes no suponen maltrato ya que no terminan con la muerte del toro (al menos al término del espectáculo en algunos casos).
Si tenemos en cuenta que los amantes de la lidia están convencidos de que el toro no sufre durante su lenta ejecución, las expresiones de dolor y pánico en su cara y su cuerpo, el bramido ahogado por el griterío en estos “juegos populares”, carecerán de la menor importancia. Parece que tampoco el hostigamiento con caballos y picas, vehículos a motor, las pedradas, patadas o los golpes con diversos objetos, las caídas a la salida de los cajones de transporte, o durante la carrera desenfrenada, el agotamiento final.
¿Que queda al final cuando el juguete está roto y ya no aporta diversión? Siempre al final el matadero, pero puede que la mala suerte les guarde el destino de la muerte en la plaza redonda o que en el mejor de los casos un disparo acabe con el sufrimiento de forma rápida en el mismo lugar. ¡GAME OVER!
Después toca olvidarse del juguete y volver a casa... a lo mejor, al llegar, darle un abrazo a tu perro y sentir que conectas con él.
fotograma de un Rally contra los animales de Pacma
 Sebastián López
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El 14 de octubre, reivindicaremos la dignidad arrebatada a estos bellos y pacíficos animales, contribuyendo a dar testimonio público de su sufrimiento en la voz de Virginia Iniesta, veterinaria experta en el tema y vicepresidenta de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal (AVATMA), en la charla-coloquio que tendrá lugar en el Monasterio de San Jerónimo de Sevilla.



miércoles, 3 de agosto de 2016

“Yo tengo un campo”

Tras esta típica, y desgraciadamente frecuente, frase se esconde una realidad triste que muchos de los que nos hemos dedicado a la gestión de perros para su adopción conocemos bien. La realidad de un gran porcentaje de los perros que viven en el mundo rural en España.
Con una percepción similar a la que la mayoría de la población tiene de los animales que confinamos en acuarios, a los que creemos que les basta estar en el agua para llevar una vida adecuada a su naturaleza, sin preocuparnos mucho más acerca de sus necesidades básicas de desarrollo y comportamiento, es común la creencia de que un perro que vive en el campo, sinónimo de naturaleza, es plenamente feliz por el hecho de no estar en un medio urbano o rodeado de las paredes de un piso o una casa. Es como si comparamos el agua, vital para los animales que viven en el seno del mar o de los ríos, con el aire que respiran y el escenario salvaje en el que viven los perros en muchas fincas de nuestro territorio no urbano.
Como a cualquier animal, no les basta con tener satisfechas las necesidades de agua y alimento, ya sean peces, aves o mamíferos, necesitan del espacio vital propio de su especie,  oportunidades para desarrollar su comportamiento y condiciones adecuadas para mantener una buena salud física y mental.
El perro es un animal que hace tiempo estableció un vínculo estrecho con el hombre y además de ser social con los de su especie es sumamente dependiente de las personas. Cuantos perros he visto confinados en cercados o lo que es peor, viviendo al extremo de cadenas, condenados al exiguo espacio que su longitud permite. Y casi siempre solos.  
Son perros-ahuyentadores, perros-alarma o perros arrumbados que molestan en casa o que ya no se saben manejar. Algunos vienen de camadas de amigos o adoptados de refugios, y su destino ya era el de cuidar fincas, naves o ganado, era el de convertirse en una herramienta o un apero más del terruño. En vez de echarle gasolina al depósito, basta con unos cuantos granos de pienso tirados en el suelo y agua, y funcionan a la perfección para el fin designado.
La ignorancia y el saber popular han hecho y siguen haciendo desgraciados a muchos perros. El caso más típico es el de los mastines, perros con una vocación de guardianes de ganado que son criados para cuidar de fincas agrícolas o ganaderas, o de segunda residencia, que al no haber sido imprintados con el ganado se convierten en un peligro para los rebaños circundantes o de la propia explotación donde viven, por lo que acaban viviendo encadenados de por vida y en insalubres recintos y escaso refugio contra las inclemencias del tiempo. El contacto con humanos se limita a los momentos en los que hay que reponer el pienso y el agua.
Si desde pequeños se han criado en este menester es probable que no estén socializados con perros y personas y desarrollen un miedo muy apropiado para el objetivo que se persigue, disuadir a extraños con una agresividad defensiva. Ni de lejos saben lo que es un paseo o un mimo, y seguramente tampoco un veterinario. Otros que acaban en similar condición, es posible que hayan tenido una infancia más afortunada como perros de compañía o que vivieran al principio en libertad y en contacto con personas y otros animales, pero que ante sus escapadas estimuladas por la cercanía de ovejas u otro ganado, acaban siendo controlados… y la cadena es más barata que habilitar un cercado. La diferencia es que éstos se desvivirán por una caricia cuando te acercas a ello, cosa que normalmente no consiguen de propios y menos de extraños por la imposibilidad del contacto.
Pobres perros también los que, aún no viviendo encadenados, son apartados en alejados vallados añorando el regreso esporádico del “cuidador” y no solo por la renovación del alimento (que también) sino por el anhelado contacto y sin un solo reproche por su abandono. Son perros de casa que por la incomprensión y la falta de empatía de sus responsables humanos adquieren la condición de molestas criaturas para la convivencia diaria en un hogar y cual objetos arrumbados en un trastero acaban desterrados en el susodicho campo, supuesto “paraíso de los animales”. El mismo escenario, que a veces se restringe a escasos metros cuadrados, y la misma rutina se repiten día a día y afortunados serán si acaban con acompañantes de destierro.
Al menos los perros de caza que viven en semejantes circunstancias, gozan de unas horas de libertad y dan rienda suelta a las capacidades propias de su naturaleza, mientras sus amos dan rienda suelta a su placer de segar otras vidas. Y también se sentirán agradecidos por esos ratos compartidos sin echarles a la cara su abandono o el mal rato en la jaula del transporte o el encierro prolongado.
Seguramente envidiarían a los otros perros que vagan a sus anchas por las calles y campos de los pueblos y que por su pequeño o mediano tamaño obtienen el beneplácito de la ciudadanía o simplemente su indiferencia, pero que algún día pueden acabar con sus pequeños cuerpos tumbados en la carretera.
Pobres perros también los que viven en la variante semiurbana del “paraíso terrenal” de estos animales, ilustrada a la hora de adoptar con la frase “Yo tengo una parcela”. Perros que viven en urbanizaciones aparceladas más o menos ajardinadas y que son destinados a ser “perros-alarma” o “perros-timbre”. Son perros que viven solos casi todo el tiempo, al cuidado de un jardinero u otra persona asalariada y que solo ven a sus propietarios los fines de semana o en verano. O simplemente no verán nunca otro horizonte que el seto de su jardín; y por supuesto nunca entran en casa.
La supuesta panacea de vivir en un jardín proporciona la coartada perfecta para esas personas siempre ocupadas que creen que el hecho de disponer de césped y estar rodeado de árboles satisface todas las necesidades de juego, ejercicio y un ambiente natural saludable, cuando lo cierto es que a veces viven más estresados y abandonados que en una vivienda urbana.
En fin, pobres todos esos perros que caen en manos de personas que creen que el hecho de disponer de “un campo” o de una parcela, les capacita para proporcionar buenas vidas a los animales que adoptan en refugios o de camadas de amigos. Quizá no falte la buena intención en la mayoría de las ocasiones, pero si el conocimiento de sus necesidades reales y la preocupación por obtenerlos ya que la creencia es que el hecho de vivir en el mundo rural proporciona la sabiduría suficiente sobre seres que, al fin y al cabo, son sólo animales.
Pobres perros invisibles e ignorados, perros de campo pero sin libertad y desprovistos de lo más preciado para ellos, la vida social y el contacto humano. Una mano amiga, un gesto amable o una palabra cariñosa.
Si esto te ha hecho reflexionar y mirar con otros ojos a esos animales que durante nuestros paseos por los caminos rurales nos sobresaltan de pronto con sus ladridos al extremo de su cadena o al otro lado de una cerca, quizá aterrorizados por nuestra presencia o puede que pidiendo ávidamente una caricia con todo su cuerpo, te haga también desconfiar de aquel que con la intención de adoptar o salvar a un perro del abandono te comente “pues yo tengo un campo...”

Dedicado a Beethoven y a Moli

Sebastián López (agosto 2016)