viernes, 24 de febrero de 2017

Sobre la Caza, privilegios e ineficacia

Artículos aparecidos en el diario catalán Directa por Nuria Sanahuja (en catalán en el original)

Sobre la caza, privilegios e ineficacia (I)
Este artículo y otro que publicaremos más adelante tienen la intención de dar a conocer aspectos del funcionamiento del colectivo de cazadores en todo el estado español, de sus privilegios, de la protección de que gozan y de las dificultades con que se encuentran las personas que quieren la caza fuera de sus tierras. Y también, empezar a abrir el debate sobre si la caza es necesaria en una sociedad del siglo XXI cuando su supuesta eficacia queda cuestionada.
Esta es una historia real. El territorio puede ser cualquier pueblo de la Cataluña interior. Pedro vive en una finca rural que tiene 60 hectáreas de bosque. La finca está a 2 km del pueblo. Cuando Pedro era pequeño, en los años 70, la finca era de caza libre, podía cazar quien quería. Los cazadores del pueblo decidieron hacer un coto de caza, para controlar quién iba y que fuera por la gente del pueblo. El padre de Pedro estuvo de acuerdo, no hubo documentos, fue un acuerdo de palabra. En aquellos años no había jabalíes, pero si liebres, conejos y otros animales pequeños. Los cazadores, con ganas de matar jabalíes, los cruzaron con cerdos de granja para que tuvieran más crías cada camada. Pedro recuerda perfectamente el día que liberaron las crías de los cerdos cruzados. Los jabalíes fueron aumentando de número y las batidas fueron haciéndose más frecuentes. La familia de Pedro y los vecinos estaban cada vez más hartos de las batidas, los disparos y los cazadores. 30 años más tarde, Pedro y los vecinos deciden salir del coto de caza. Son 5 vecinos y las fincas de las 5 familias suman 300 hectáreas. Los motivos eran varios, pero mayoritariamente era por la actitud de los cazadores, que entraban en las fincas con poco respeto, arrogantes y dejando ver que los vecinos les estorbaban. Llevaban gente de fuera y cada vez eran más cazadores y más batidas. Llegados aquí, en 2001 comienza el peregrinaje. Piden a los agentes rurales que hay que hacer para salir del coto, y nadie les da información precisa, al contrario, les daban largas. Les dicen que deben hablar con el ADF (Asociación de defensa forestal). Hay que tener en cuenta que la mayor parte de los integrantes de la ADF y el presidente de la misma eran cazadores. Un retrato del caciquismo heredado de otros tiempos donde 4 personas concretas manejan la mayor parte de las instituciones de los pueblos: el presidente de la ADF era también el presidente de la sociedad de cazadores, y también el jefe de la brigada municipal. En el pueblo, a pesar de haber muchas personas que no estaban de acuerdo con esta organización oligárquica, los tenían miedo y nadie osaba enfrentarse.
Los jóvenes del pueblo, con otras mentalidades, hartos de este poder, se presentan por sorpresa en las elecciones del ADF y ganan, desbancando a los antiguos cazadores y poderosos del pueblo. Finalmente desde la Generalitat les indican cómo deben proceder. Lo que pensaría cualquier persona que no quiere que se cace en sus tierras, es que poniendo un cartel ya debería ser suficiente, pero el procedimiento es bastante complejo y largo. Cuando se empezó a redactar la ley de caza de 1970, que ha constituido la base de las actuales leyes autonómicas (en Cataluña todavía nos regimos por esta ley, ya que no tenemos una propia), aún en tiempos de Franco, los cazadores, que eran un estamento considerado y poderoso en la sociedad, se aseguraron muy bien de que las leyes les fueran favorables a sus intereses. Por ejemplo, declarando casi todo el territorio zona de caza, a través de cotos o zonas de aprovechamiento común, donde pueden cazar todos. Con la ley de 1970 se quiso asegurar un próspero futuro cinegético. Estos privilegios aún perduran. Ninguna ley de caza actual de las diferentes comunidades autónomas modifica esta intención. La sociedad cazadora sigue siendo un gremio poderoso y altamente influyente en las esferas políticas, no olvidemos que muchos de los ministros tanto del PP como del PSOE son cazadores. A modo de ejemplo recordemos que, cuando pasó el hundimiento del Prestige en 2002, la mayoría de los ministros del PP estaban de cacería, Cascos estaba cazando en el Pirineo, Matas, Acebes y Ana Pastor en Doñana y Fraga cazaba en Toledo.
Volviendo a nuestro relato, para salirse de un coto de caza, sólo puede hacerse constituyendo un refugio de fauna. El procedimiento es el siguiente: primero se debe pedir a la Generalitat la segregación de las fincas del coto donde se quiere eliminar la caza, cuando se consigue esto las fincas pasan a ser de aprovechamiento común (puede cazar quien quiera) durante un período de más de un año, y posteriormente deberán constituirse como refugio de caza. Los refugios son declarados por orden del consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, a instancia de la persona propietaria de los terrenos y con el informe previo del Consejo de Caza de Cataluña (!). En los refugios está prohibido cualquier tipo de actividad cinegética, la captura de animales o la introducción de especies que no sean autóctonas. Pero, si existen razones científicas que aconsejen la captura o reducción de la población de determinadas especies, la Dirección General del Medio Natural y Biodiversidad puede autorizar excepcionalmente cacerías específicas.

Actualmente, hay declarados en Cataluña 84 refugios de fauna salvaje que suponen una superficie total de 10.967 hectáreas. Cataluña tiene una superficie de 320.000 hectáreas.
En el caso concreto que nos ocupa, el proceso fue muy largo dado que no había documentos escritos y sin ellos, no se podía hacer nada. Finalmente, la Generalitat reconoció que no había existido nunca el contrato y que debían hacerlo sin documentos. En total pasaron casi 4 años hasta que obtuvieron finalmente el permiso para constituirse como refugio de fauna. Mientras duró todo este proceso, los 5 vecinos recibieron todo tipo de presiones por parte de los cazadores del pueblo, desde decirles que si había un incendio los del ADF no les irían a ayudar (ya que aún había cazadores que eran miembros), abrieron caminos dentro de estas fincas con la excusa de prevenir incendios, pero que en realidad iban bien para hacer batidas, y todo pagado con dinero público... Envenenamientos de perros con venenos que iban destinados a los pequeños carnívoros, pues les hacían la competencia para cazar conejos... Esta es una práctica prohibida pero que todavía es frecuente, recientemente atraparon el presidente de la Sociedad de cazadores de Sant Salvador de Guardiola con otros cazadores por caza furtiva y para poner cebos envenenados.
Pedro dice que la tensión fue difícil de soportar, pero los vecinos lo tenían muy claro y no cedieron ni un centímetro. Tuvieron que presentar planos, una descripción de lo que querían hacer, detallando las actividades educativas que llevarían a cabo. Cada año están obligados a presentar una memoria de las actividades realizadas. Ellos hicieron paneles explicativos del tipo de animales que viven en el refugio de fauna, construyeron comederos, bebederos para los animales, y soltaron rapaces provenientes de los centros de recuperación, entre otros. Pedro dice que las rapaces se han reproducido favorablemente, que han aumentado considerablemente el número de perdices, las cuales, cuando las cazaban, cada año las mataban todas y tenían que ser los mismos cazadores que las introducían para luego hacerse la foto.
Con toda esta dificultad para declarar una zona libre de caza, queda bastante claro hasta qué punto las leyes se aseguran un futuro libre de obstáculos para su actividad. A pesar de ser refugio de caza, las trifulcas no terminaron. Los cazadores sacaban las placas que identificaban la zona como refugio de fauna, seguían entrando a cazar, soltaban a sus perros... Las llamadas a los agentes rurales han sido numerosas, pero con sólo dos agentes rurales para toda la comarca, cuando llegaban, los cazadores ya se habían ido. Recientemente mataron un jabalí junto a la casa de unos abuelos que están dentro del refugio de fauna, y los abuelos que, se enfrentaron, tuvieron que escuchar como los insultaban.

Nuria Sanahuja
22/09/2016 

La caza: privilegio oligárquico, ineficaz y peligroso (II)
El último 22 de septiembre publicábamos en esta sección un artículo de Nuria Sanahuja, miembro de FAADA, sobre la caza. Ahora, poco después de la muerte de dos agentes rurales en manos de un cazador, publicamos esta segunda parte del artículo. La autora desmitifica la eficacia de la caza para llevar a cabo el control de poblaciones que han crecido de forma incontrolada - a menudo con el fin de justificar precisamente la actividad cinegética- y alerta del peligro que suponen no sólo los accidentes fortuitos, sino el hecho de tener unos individuos armados con licencia para matar.
A menudo, el argumento esgrimido para defender la caza es que sirve para controlar la población de jabalíes, que tantos problemas parece ocasionar a los cultivos y en las zonas donde hay población humana. Según el programa de seguimiento de las poblaciones de jabalíes en Cataluña, que viene elaborándose desde el año 1998 por la Generalitat, la población de jabalíes se ha quintuplicado. Se ha pasado de 6.453 ejemplares en 1991 a 34.757 en 2014. Para contrarrestar el aumento, se han concedido más permisos para batidas, se han dado autorizaciones extraordinarias fuera de la época de caza. Durante el año 2014-15 se han realizado en Cataluña 4.763 batidas y se han matado 13.102 jabalíes. El promedio fue de dos batidas por semana entre enero y septiembre. En las conclusiones del Programa de seguimiento sobre los jabalíes en Cataluña 2014-15, se reconoce que la caza no está consiguiendo reducir las poblaciones de jabalíes en muchas zonas de Cataluña.



En una Jornada sobre el Estudio sobre la gestión del jabalí en Collserola, realizada en febrero de este año y organizada por SEFAS, Servicio de Ecopatología de Fauna Salvaje de la UAB, que colabora con el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación , se pone de manifiesto que ni con las batidas se llega a controlar el problema, y se plantea la opción de realizar el control de la natalidad con el uso de algún tipo de método anticonceptivo, como ya se está haciendo en otros países de Estados Unidos y Reino Unido. Los cazadores son contrarios, siguen diciendo que la solución es cazar más.
En la UAB ya estaban en contacto con universidades de otros países que habían llevado a cabo estudios similares en otras especies, con resultados óptimos; así que decidieron poner en marcha un proyecto para hacer una prueba piloto en Cataluña. El objetivo es evaluar la efectividad de un tratamiento de esterilización en los jabalíes para controlar la población en áreas periurbanas. Con este tratamiento se consigue frenar el ciclo reproductivo durante cinco años.
El Doctor Manuel Lopez-Bejar, jefe del departamento de sanidad y anatomía animal de la UAB, es la persona que está liderando la experiencia, y explica en una entrevista publicada en FAADA que la gente implicada en el manejo de estos animales estaba intentando utilizar la contracepción como medida, basándose en estudios que ya se habían realizado en otros países, pero aquí continuaban implementando las medidas "más fáciles".
También con los corzos está pasando una explosión demográfica similar. Después de introducirlos en 1997, ahora ya han pasado a ser una especie que está a punto de ser considerada una plaga, como los jabalíes. Huelga decir que los cazadores tuvieron un papel muy activo y promotor de la reintroducción de esta especie. Los corzos eran vistos como un trofeo de caza bien atractivo.
Capítulo aparte merecen los accidentes por arma de caza, que dejan entre 25 y 40 muertes por año en España y las condiciones en que viven y mueren los perros de caza, pero no quiero terminar el artículo sin hacer mención del terrible asesinato el pasado día 21 de enero de los dos agentes rurales, cuando estaban haciendo su trabajo: Francisco Javier Ribas Villa, de 43 años, y David Iglesias, de 39 años, a manos del cazador Ismael Rodríguez Clemente. Desde estas líneas quiero enviar todo el apoyo y condolencias a sus familias, amigos y al Cuerpo de Agentes Rurales.
A raíz de este hecho lamentable, estos días están aflorando muchas noticias de las amenazas, agresiones e insultos que reciben los agentes rurales en Cataluña y los agentes del Seprona en España, y su indefensión ante este colectivo armado. Como medida de urgencia, se les ha dotado de chalecos antibalas en Cataluña, podrán patrullar en grupos de tres y llevarán un arma de fuego mientras acaban de modificar el reglamento. El colectivo hace años que denuncia las agresiones sin que la administración haya hecho nada ante sus peticiones de dotarlos de instrumentos para prevenir situaciones de riesgo, peticiones que se remontan 30 años atrás, sobre todo en las tierras de Lleida .
Los agentes rurales, desgraciadamente, no son los únicos que sufren las agresiones: agricultores, excursionistas o buscadores de setas, a menudo, son amenazados y atacados por el colectivo. Recientemente, en el mes de enero, el desgarrador caso de una mujer inglesa, en Granada: por el hecho de sacar sus terrenos del coto de caza se ha encontrado sus cinco perros, que había recogido, muertos a tiros y el caballo gravemente herido a manos, presuntamente, de los cazadores de la zona.
Es necesario, ahora que la fatalidad ha puesto el debate sobre la mesa, encarar seriamente este tema y empezar a hablar de la caza como lo que realmente es, una actividad violenta, machista, agresiva, altamente peligrosa, inútil y que no tiene cabida en una sociedad evolucionada moralmente.


Nuria Sanahuja
14/02/2017
Nuria Sanahuja es miembro de la Fundación pera el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA).


miércoles, 15 de febrero de 2017

Programa de Actividades. Curso 2016 - 2017

PROGRAMA DE ACTIVIDADES DE CONCIENCIACIÓN Y DIVULGACIÓN
Asociación para el Vínculo Humano-Animal

 ·      14 de octubre de 2016
            FESTEJOS POPULARES TAURINOS Y BECERRADAS. LA DIVERSIÓN BASADA EN EL SUFRIMIENTO ANIMAL
            Conferencia y debate.
            por Virginia Iniesta, Veterinaria Vicepresidenta de AVATMA (Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal).

·      10 de noviembre de 2016
            PEACEABLE KINGDOM. THE JOURNEY HOME
            Proyección y coloquio sobre el documental del mismo nombre.
            AVHA.

·      15 de diciembre de 2016
            VIDA DE EQUINOS. LAS ALMAS DE EL REFUGIO EL BURRITO
            Conferencia y debate.
            por Rosa Chaparro, de El Refugio El Burrito de Málaga.

·      12 de enero de 2017
            DIOSES, HIJOS Y ESCLAVOS: UNA VISIÓN CRÍTICA DE NUESTRA RELACIÓN CON LOS ANIMALES
            Conferencia y debate
            por Jaume Fatjó, director de la Cátedra de la Fundación Affinity Animales y Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona.
           
·      28 de enero de 2017
            A PROPÓSITO DE LAS AVES EXÓTICAS: CUIDADOS Y BIENESTAR EN CAUTIVIDAD
            Conferencia y debate
            por Carmen Mengibar, Veterinaria etóloga, por la Universidad de Córdoba.

·      9 de febrero de 2017
            DE LA PSICOLOGÍA ANIMAL A LA PSICOLOGÍA HUMANA: CONOCIENDO AL HOMBRE A PARTIR DEL CONOCIMIENTO DE LA MENTE DE OTROS ANIMALES
            Conferencia y debate
            por Santiago Benjumea, Catedrático del Departamento de Psicología experimental de la Facultad de Psicología de Sevilla.

·      24 de febrero de 2017
            LA CAZA: UNA MIRADA DESDE LA ECOLOGÍA Y LA PROTECCIÓN ANIMAL
            Conferencia y debate.
            por Virginia Iniesta, Veterinaria Vicepresidenta de AVATMA (Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal).

·      9 de marzo de 2017
            SANTA FIESTA. El documental
            Proyección y Coloquio.
            con Miguel Ángel Rolland, productor y director del documental, Licenciado en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y realizador de numeroso documentales y cortos.

·      30 de marzo de 2017
            RAZONES PARA UNA REBELIÓN EN LA GRANJA: LOS ANIMALES DE NUESTRA MESA
            Conferencia y debate
            por María Moreno de FAADA (Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales), Barcelona.

·      18 de abril de 2017
            EL BIENESTAR ANIMAL Y LOS DESAFÍOS DE LA SOSTENIBILIDAD. LOS RETOS ACTUALES Y FUTUROS DE LA NUTRICIÓN MUNDIAL
            Conferencia y debate
            por Annamaria Pisapia, Directora para Italia y Portavoz para Europa del Sur de Compassion In World Farming (CIWF), Bolonia, Italia.

·      22 de abril de 2017
            SANTUARIO ANIMAL
            Jornada que incluirá la proyección del documental SANTUARIO ANIMAL, realizado por Alma Animal, y mesa redonda posterior con el responsable del proyecto Santuario Animal y representantes de varios santuarios.
            con Javier Navarro, fundador de Alma Animal, Lucía Martínez de Santuario La Candela de Sevilla, Tamara Toboso y Nacho Aragón, ambos de Santuario La Pepa de Cádiz, y otros representantes aún no confirmados.

·      11 de mayo de 2017
            RACING EXTINCTION. El documental 
            Videoforum sobre el documental de Oceanic Preservation Society
            AVHA.

·      26 de mayo de 2017
            UN ELEFANTE EN EL JARDÍN: CAUSAS Y CONSECUENCIAS DEL COMERCIO DE ANIMALES SALVAJES.
            Conferencia y debate
            por Andrea Torres de FAADA, Barcelona.

·      15 de junio de 2017
            GATOS EN EL ESPACIO URBANO. CONSIDERACIÓN Y GESTIÓN DE LAS POBLACIONES FELINAS DE NUESTRAS CIUDADES.
            Conferencia y debate
            por Agnès Dufau, Presidenta de la Plataforma Gatera, Barcelona.

Está programación está cerrada, aunque puede admitir alguna incorporación de actividades aún no acordadas. 
Todas las actividades se anunciarán en Facebook y Blog de AVHA, así como en su correspondiente evento de Facebook.

Sin vuestra presencia todo el trabajo que hay detrás para llevar a buen puerto los eventos son inútiles. Esperamos vuestra asistencia. El interés de los contenidos está garantizado.

martes, 10 de enero de 2017

Blanco o negro... o de todos los colores

Es increíble la ambigüedad moral que demostramos las personas en lo que atañe a la relación con los animales. En general ya nos cuesta hacer que nuestra forma de vida, que nuestras acciones, estén cien por cien en sintonía con lo que pensamos del mundo en que vivimos, pero en lo tocante a los animales creamos verdaderos abismos lógicos para justificar la manera en que los tratamos o nos olvidamos de que existen.
Hay varias formas de resolver este posible conflicto moral. La más extrema sería la de actuar sin ser conscientes de las consecuencias de nuestro comportamiento más allá de nuestra propia entidad física y psíquica, solo los niños de muy corta edad y algunos enfermos mentales, exentos de responsabilidad moral pueden ser coherentes con esta solución. La más sencilla es la de otorgar consideración moral sólo a los seres más íntimamente relacionados con nosotros, típica de las comunidades mafiosas: sólo importan los que entran dentro del círculo familiar, incluidos posibles animales de su propiedad. La más común es la facilitada por la ignorancia total o la observancia de las creencias impuestas “sabiamente” por la tradición: se normalizan las conductas en base a lo que nos cuentan y a lo que es de aceptación generalizada, incluyendo lo que sabemos o creemos saber sobre lo que nos afecta o sobre lo que influimos. Si no nos hacemos preguntas es la que mejor funciona.
Pero si nos preocupamos y nos hacemos preguntas sobre los demás, si nos acercamos y nos informamos, lo cual es un proceso que debería ser normal en nuestro desarrollo como personas, surgirán conflictos entre el probable cambio de actitud y los cambios de comportamiento que ello exige, para vivir con coherencia moral. Esta es la forma más complicada y dura de asumir, pero generalmente genera empatía y solidaridad.
Nuestra forma particular de relacionarnos con los animales, no implica una única fórmula de intentar ser coherente con nuestra moral, depende de muchos factores, entre ellos de las especies animales, o incluso de los individuos particulares, de las situaciones que se nos plantean y de nuestra formación y creencias. Y por supuesto, evoluciona con el tiempo.
Cuando me planteé de verdad hacer algo por los animales, yo ya había cumplido los cincuenta y cuatro años y tengo que decir que ya llevaba veintiséis trabajando sobre la fauna, un poco más si contamos mi formación universitaria como biólogo y durante la que me orienté hacia la zoología, y concretamente por  la entomología, si bien no dudé en aprender sobre aspectos concretos de los vertebrados.
Aunque mi contacto más directo con animales había sido con el mundo de los insectos, y desde una perspectiva puramente científica, mi fascinación por la naturaleza en general y por los vertebrados en particular ya estaba profundamente asentada desde mi adolescencia. Aparte de ese acercamiento con juvenil curiosidad o la posterior mirada objetivada por la ciencia, no había establecido un verdadero vínculo con un animal hasta que mi pareja y yo decidimos adoptar a nuestro primer perro. Por supuesto que ya me gustaban los animales y nunca me pareció una especie menos digna de respeto que otra, todas me parecían fascinantes, que formaban parte de un entramado vital perfecto. Era mi visión: el escenario eran los ecosistemas y los actores eran las poblaciones de las diferentes especies vegetales y animales. Esa era mi percepción desde el punto de vista del estudioso de, al menos un fragmento, de la fauna salvaje[1].
Despertamos a la individualidad de nuestro nuevo y peludo miembro familiar, y poco a poco todo cambió. A través de él accedimos a la mirada de otros perros y descubrimos el abandono y las penalidades por las que pasan muchos de ellos, empecé a auxiliar y cuidar a los animales que encontramos por la zona en que vivimos y al final conocí la realidad de los refugios de animales y de las personas que trabajan en su rescate y cuidado.
Aunque no siempre es así, establecer el vínculo estrecho con un animal puede llevar a hacerlo extensivo a otros animales de la misma especie y seguramente este vínculo evolucione hacia una ampliación de la empatía con otras especies animales. En mi caso, el proceso, que comenzó con el acercamiento a los animales más próximos; continuó con el descubrimiento del sufrimiento en un número cada vez mayor de animales domesticados o que viven bajo el control del hombre, y que, inevitablemente, después me llevó a fijar de nuevo mi atención sobre los animales salvajes; aún no ha terminado.
En este proceso de búsqueda de respuestas sobre mi relación con los animales, y de soluciones para resolver los conflictos morales que surgen en la vida diaria, he encontrado más preguntas que respuestas.  Luchar contra la incongruencia personal sobre como influimos sobre la vida de los animales puede ser tan complicado como intentar definir sin arbitrariedad que es bueno o malo en la forma que interactuamos con ellos, sobre todo cuando lo que predomina es una relación de dominancia y abuso por parte nuestra.
No todo es Negro o Blanco en la forma de valorar –o juzgar- la relación de las personas con los animales. Desde los que son indiferentes a su existencia, pasando por la forma de entenderla de los propietarios de perros o gatos, que focalizan su amor por lo animales sobre estas dos especies, hasta los que han adoptado el veganismo como forma de vida, o los que disfrutan acabando de una forma u otra con sus vidas, hay muchos grados de percepción.
Dentro de los que se consideran amantes de los animales hay muchas categorías: los amantes de sus mascotas, los que aman y miman a sus animales de granja que después serán destinados al consumo, los que quieren y crían sin escatimar desvelos a sus gallos de pelea, los que dicen amar a los animales que cazan, y los que aman a los animales en su estado salvaje y son grandes observadores y estudiosos de la fauna. Sin entrar a valorar cuanto de hipocresía o veracidad haya en esa aseveración, lo cierto es que la forma de percibir a los animales puede ser tan legítima y natural para estas personas como para obviar cualquier tipo de conflicto moral.
Una herramienta básica tradicional en el conocimiento de la zoología fue durante muchos años el estudio de las colecciones zoológicas y yo mismo recolecté miles de insectos que fueron a parar a cajas de la colección del Departamento de Zoología con el que colaboré durante algunos años. No sólo hay insectos en esa y otras colecciones, también todo tipo de vertebrados. ¿Me generó algún conflicto moral extraer a estos animales de su ambiente, matarlos con gas y disecarlos atravesándolos con un alfiler? No, se suponía que ello contribuía al conocimiento que llevaría a la preservación de sus ecosistemas y por tanto a otros individuos de esas especies. Hoy en día sólo recojo algún exoesqueleto de insecto encontrado fortuitamente.
A la mayoría no le resultaría problemático matar a un insecto aplastándolo o rociándolo con insecticida, sobre todo si es de los que consideramos plagas, pero ¿y arrancarle las alas a una mariposa viva? ¿y cocer en vivo a una langosta que al fin y al cabo es también un artrópodo?
La justificaciones de la ciencia para capturar ejemplares vivos de animales salvajes, tan común en los siglos XVIII, XIX y XX, ya no se sostienen, al menos para especies de aves y mamíferos y con fines taxonómicos, pero seguimos utilizando a animales en experimentación, precisamente por su semejanza biológica con nosotros. Aunque se ha restringido el uso de determinadas especies que nos resultaban demasiado cercanas filogenéticamente, seguimos usando, por ejemplo, ratas y ratones[2].  Incluso para los animales con los que está permitido experimentar se han redactado unas normas de bienestar animal que minimicen el trato cruel que pueda implicar el propio experimento y su sacrificio ineludible y muchos estudiantes de veterinaria o biología, e incluso los propios experimentadores han tenido conflictos morales a la hora de aplicar la vivisección.
El caso de las ratas y ratones es especialmente ilustrativo de las incongruencias entre la consideración y el trato que damos a individuos distintos de la misma especie. A la mayoría de las personas les repugna el contacto, e incluso la sola visión, de estos animales en su medio ambiente, sin embargo, también los admitimos en nuestras casas como mascotas criadas a tal efecto (o para alimento de otras mascotas); reclamamos la prohibición de la experimentación que implique dolor y sufrimiento –capacidad que nadie les niega- pero admitimos sin rechistar que se acabe con sus vidas de forma lenta y cruel con raticidas u otros métodos para aquellos animales que comparten con nosotros el ecosistema urbano o rural. ¿Acabaríamos tan fácilmente con la vida de perros y gatos cuando estos se alimentan en los basureros y de otros residuos humanos?
La relación más conflictiva de todas -por ser también la más universal-, la de comer animales, es ineludible incluso para los que declaran abiertamente que no les gustan los animales. Incluso para los que sólo ven a los animales de granja como comida, les resultaría problemático sacrificar en un matadero a un perro y convertirlo en filetes, e incluso juzgarían como una atrocidad el mercado de carne de perro o de gato en otras culturas distintas a la occidental donde son parte de su dieta, al igual que para nosotros lo son el cerdo, la vaca o la gallina.
¿Nuestra categorización moral se rige por grados de proximidad? ¿Somos capaces de admitir ciertas prácticas conforme más lejos estén los animales en la escala filogenética? ¿Justificamos el trato en función de factores como la utilidad, la apariencia, el tamaño o número de animales, el perjuicio potencial para nosotros o la tradición? ¿Sacrificaríamos mejor 221 pollos o una vaca, que es la equivalencia en carne producida, o ahorramos sufrimiento y optamos por la ternera? ¿Prohibimos las peleas de gallos por crueles pero nos parece bien que les demos una vida miserable y una muerte terrible a millones de gallinas?
Estos son solos unos pocos ejemplos de los posibles conflictos morales con que nos podemos encontrar cuando adquirimos consciencia de las situaciones que viven los animales y la influencia que ejercemos sobre ellas. Analizar la compleja relación que los individuos y las sociedades humanas establecemos con los animales con los que interactuamos y a los que afectamos de forma directa o indirecta, es un ejercicio enormemente útil para entender donde estamos y hacia donde deberíamos ir para resolver las grandes cuestiones en la defensa y protección animal. Sin embargo, este análisis debería ser prioritario cuando lo centramos en el sector del activismo animalista donde la percepción de los problemas y de sus soluciones no sólo tiene que tener en cuenta la resolución de los conflictos personales del propio animalista que se informa y adquiere conciencia, sino también cuales son las estrategias más rentables para generar beneficios a los animales a corto y largo plazo.
No se debe juzgar a la ligera y demonizar a una sociedad que normalmente vive ajena a estos problemas o que los resuelve bienintencionadamente, aunque muchas veces de forma equivocada creyendo en la bondad de su comportamiento (incluyendo a los protectores de los animales). Es muy fácil tender a los extremos cuando la emoción gana a la razón en la defensa de los animales, pero creo que en esta compleja red de interacciones hombre-animal, caben no sólo todos los tonos de grises: Entre el Blanco y el Negro caben todos los colores.

Sebastián López

[1] Es curioso que en los estudios de ciencias biológicas, los animales domésticos no merecían el más mínimo interés a no ser que fueran objetos de experimentación y que para otras disciplinas como la veterinaria y estudios agrícolas-ganaderos el interés por su biología se dirija a objetivos de producción.
[2] Millones de ratones de la raza Jax son criados al año para venderlos a los experimentadores. Son ratones consanguíneos, mutantes y diseñados genéticamente para que sufran las dolencias con las que se va a experimentar y que sufren muchas patologías como efecto colateral.
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El estudio de las relaciones del hombre con los animales ya tiene un nombre técnico, la Antrozoología. Es la consecuencia lógica de la inquietud que desde hace tiempo ha existido en pensadores filósofos u otros investigadores por explicar la complejidad de nuestra relación con los animales. Por ello nos pareció de lo más oportuna la conferencia-debate que traemos a Sevilla de la mano de Jaume Fatjó Ríos, titular en la UAB de la Cátedra de Animales y Salud de la Fundación Affinity.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Vida de Equinos


Llevar una “vida de perros”, siempre tiene una connotación negativa y no está injustificado por que la existencia de estos animales ha sido especialmente dura en el pasado, especialmente cuando no eran apreciados compañeros de casa, y aún hoy un buen porcentaje de ellos siguen padeciendo unas condiciones muy duras como resultado de su explotación o a consecuencia de su abandono.
Pero, que decir de la vida de otros animales, tan cercanos y tan ligados históricamente a la vida de los humanos, como burros, mulos y caballos ¿Acaso no merecerían sus vidas la misma consideración próxima a una condena?
Quizás estamos acostumbrados a la visión de los perros vagabundos, buscándose la vida por las calles y caminos, algunos en un estado lamentable, otros incluso con heridas y traumas ostensibles cuando no como cuerpos inertes y deformes en las carreteras. Sin embargo no deja de existir lo que no vemos.
Equinos domésticos de todas las especies y razas sufren en muchos casos peor trato y abandono en sus lugares de estabulación o trabajo. En general son animales considerados duros, y es verdad que muchos de ellos son capaces de aguantar las peores condiciones sin quejarse y que si no se observan con ojos de conocimiento equino no acusan síntomas claros de su precaria salud hasta casi la caquexia o la inmovilidad. Pero esto no significa que no sufran desde el primer momento del maltrato físico y psíquico ya que son animales muy sensibles.
Si hay algún tipo de animal al que le hayamos asignado claramente el papel de máquina, este es el del equino domesticado. No en balde la unidad de fuerza que se le asigna a los motores de vapor, de combustión o eléctricos, es el caballo de fuerza, una unidad de potencia que, cuando se inventó el motor a vapor, medía su equivalencia frente a la potencia que antiguamente desarrollaba un caballo enganchado a cualquier sistema de tracción mecánica.
Un caballo, un mulo o un asno eran, y aún hoy siguen siendo en muchas actividades, máquinas donde el combustible es el forraje o el pienso. Máquinas de alto rendimiento y las más de las veces bajo coste de mantenimiento.
Las compensaciones que los pobres animales reciben a cambio de tan duro trabajo no cubren en la mayoría de las ocasiones las expectativas de una vida sana física y emocionalmente. Aunque muchos son mantenidos en prados o dehesas cercadas en las zonas húmedas donde disponen de unas condiciones ambientales adecuadas, pasto suficiente y libertad de movimientos para desarrollar su comportamiento, o en régimen de semilibertad como la que gozan algunas razas de caballos, otros muchos viven en explotaciones ganaderas donde sufren las inclemencias del tiempo sin agua, refugio y alimento suficiente.
Unas veces por negligencia u otras por abandono del uso para el que se adquirieron, acaban sufriendo enfermedades y lesiones provocadas por una ausencia de cuidados e higiene o una escasa o inadecuada alimentación. Las condiciones de estabulación permanente en espacios reducidos o en boxes lleva al desarrollo de importantes trastornos emocionales que derivan en estereotipias, autolesivas a veces y muy difíciles de recuperar.
Es muy común encontrar a mulos, burros o caballos maniatados en fincas sin vallar o por los bordes de caminos o carreteras. Trabar las patas de estos animales inconcebiblemente aún está permitido en algunas comunidades autónomas, y aunque gracias a este sistema sus propietarios pueden dejarlos pastar en zonas donde de otra forma no se les permitiría, la limitación de movimientos y las rozaduras con todo tipo de materiales usados para atar las patas del animal se pueden prolongar durante horas y días, exponiéndolo además a situaciones de peligro por atropello o caídas.
Especialmente triste son los casos de burros y mulos, explotados en el duro trabajo de carga o tiro, que trabajan sin apenas descanso y que viven solos, sin tiempo para desarrollar su relación con otros animales de su especie y sin ningún tipo de aliciente vital, solo la rutina infinita. O la vida de esos caballos, sobrepasados de arneses y arreos, todo el día de pie, lastrados de un carruaje de por vida. También la miserable vida circular de esos ponis usados en carruseles de feria.
Animales tratados como objetos para la ostentación o el acarreo de paseantes o todo tipo de bártulos en ferias y romerías, muchos de alquiler y que caen en manos de irresponsables que los llevan hasta la extenuación o la muerte en casos extremos.
Pobres vidas de equinos, sin un futuro apacible, sin el merecido descanso, cuya jubilación será el matadero. Sufridas vidas de equinos, de animales domesticados para el trabajo o el capricho de la monta. Abandonados a su suerte cuando resultan caros y poco rentables.

Animales que merecen una segunda oportunidad, terminar sus días felices cuidados por personas que han mirado en el cristal de sus ojos y han conectado con ellos. Lejos quedan las verdes praderas y estepas de sus ancestros salvajes, ya no pueden escapar de la dependencia humana, pero si vivir otras vidas de equinos que no signifiquen el yugo y el trabajo no compensado. Si, si dignificamos el vínculo que existe entre ellos y nosotros y comprendemos cuanto nos pueden dar. 
Sebastián López
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Afortunadamente ya hay un buen puñado de personas en el mundo que están defendiendo a estos animales tan bellos y sensibles, rescatando, denunciado o acogiéndolos en santuarios y refugios donde se les regala una nueva vida. Tal es el caso de las personas que atienden El Refugio del Burrito y a los que invitamos a compartir con nosotros su experiencia dentro de las actividades de AVHA.
 

miércoles, 30 de noviembre de 2016

75 Minutos de Carne


Ayer, martes 29 de noviembre, se emitió dentro del programa “La mirada de Bea”, de Canal Sur Andalucía, el debate titulado “Carne”, en el que participé por invitación de la productora. Dicho programa se emite tras el de “75 minutos”, una serie de reportajes de actualidad que marcan el contenido de la tertulia posterior y que en este caso trataba precisamente este tema, La Carne.
Tengo que aclarar, que dicha tertulia se graba con antelación a la realización de 75min. y que los tertulianos no teníamos conocimiento de los reportajes que se iban a emitir, por lo que el desarrollo del debate se hace con total independencia de dichos contenidos a excepción de Bea, directora de ambos programas y que es la que lo inicia y participa como una más.
Mi participación se suponía era en calidad de representante del colectivo animalista y de vegano, es decir, como contrapunto a la defensa a ultranza de la explotación y consumo de animales por parte de los otros participantes que fueron una ganadera de vacuno en extensivo y un ganadero e industrial de carne procesada de cerdo.
Aunque es lógico que en el montaje final muchos diálogos se hayan eliminado ya que se graba el doble de lo que se emite, si creo que algunos aspectos básicos de lo que se habló merecen comentarse y como no puedo evitar saber que estuve allí y comenté aspectos que responden a los argumentos de la parte omnívora, creo necesario hacer las siguientes consideraciones tanto al programa de 75 min. como al debate posterior.
En primer lugar tengo que decir que no entiendo muy bien mi presencia en ese debate que se supone que está relacionado con el tema que se trata en los reportajes del “75 min”, cuando éste ha sido exclusivamente una exaltación de la industria ganadera y cárnica y una incitación, no declarada abiertamente, al consumo de carne. No hay en esos 75 minutos de programa ninguna controversia a excepción de los datos sobre un par de impactos medioambientales de la cría del ganado, en la cabecera del programa que después no se tocan ni se explican.
Seguramente si hubiera conocido el contenido de este programa no hubiera acudido ya que en el contexto de ambos programas, la defensa de un consumo más ético, responsable, justo y solidario estaba en clara desventaja. Y no es que no le agradezca a Bea el haberme dado voz, ya que creo que hay que aprovechar todas las oportunidades para que seamos la voz de los que no la tienen, seguramente hubo buena intención pero el planteamiento principal no tiene nada que ver con un foro de debate equilibrado.
Sobre el propio programa de reportajes, muy bien realizado como siempre, decir que hoy día ya no es justo ni responsable hacer un programa serio sobre el papel de la carne en la alimentación humana tan sesgado hacia las bondades de nuestra industria de cría y elaboración. En el amplio repaso a varias industrias de cría, matanza y procesado de la carne, modélicas todas ellas en cuanto a control sanitario, calidad del producto y cumplimiento de normas de bienestar animal, los animales quedan retratados como lo que son para la mayoría de las personas que viven de ello y para los que los consumen: trozos de comida inerte, los animales no cuentan, son un factor en la ecuación cuyo resultado final es la rentabilidad económica y la satisfacción del paladar.
Pero no nos engañemos, aún considerando que las industrias que salen son de loar en cuanto a pulcritud, control sanitario y laboral y calidad del procesado del producto, esto no es la norma en muchas granjas industriales y explotaciones de nuestro país o de otros países de Europa.
La alimentación del mundo basada en la carne tiene consecuencias negativas muy graves sobre la calidad del ambiente en el que vivimos, directos o por su influencia sobre el clima, pero también sobre la salud humana, la biodiversidad, el bienestar de los países productores de ganado o del grano para alimentarlo, y especialmente sobre la vida de los animales. Impactos que se irán acrecentando exponencialmente por el previsible aumento en el consumo de carne (reflejado en el programa) y que harán incompatibles el crecimiento demográfico y la sostenibilidad del planeta, pero eso, por ahora, no lo queremos ver por que estamos centrados en el sostenimiento de los puestos de trabajo y del PIB.
Nada de eso aparece en los 75 minutos de programa. Reconozco que yo, como persona sensibilizada y consciente de lo que veo cuando contemplo las imágenes de los trozos de animales que han estado cortando, descuartizando, machaconamente a lo largo de todo el programa, he tenido que apartar la vista en numerosas ocasiones y que esto, a una gran mayoría de espectadores, probablemente les despierte el apetito por que sólo ven comida. Eso si, nos han ahorrado la parte más aversiva del proceso: la extracción y “empaquetado” de los animales para su traslado al matadero y los procesos previos a la muerte y por supuesto la matanza ¿Por  qué? Pues porque eso ya entra en el terreno de lo desagradable, normalizado pero desagradable, y afea un poco la supuesta buena vida de los animales. Porque en el fondo la mayoría somos sensibles a la visión del sufrimiento.
Todos los animales para el consumo tienen cortas vidas, algunos horas o minutos como los pollitos machos en la industria del huevo, otros poco más de 40 días, como los pollos para la carne, de 45 a 60 días un cabrito, 100 o 120 días un pavo, 14 o 15 meses un becerro, y estos son datos de los reportajes de los que hablamos que se exponen con la total normalidad. Hablamos del sacrifico de bebés y ni siquiera se les cambia el gesto.
Igualmente se habla del sacrificio Halal, sin aturdimiento, como la práctica de matar de toda la vida. Y nos parece NORMAL. También han tenido el cuidado de rodar una matanza domiciliaria después del sacrificio y en la que éste se ha hecho en matadero con todas las normas de bienestar animal del mundo (nunca he entendido las leyes de bienestar animal en el momento de la matanza), pero no se cuenta que las prácticas de sacrificio de cerdos en domicilio se siguen realizando en determinados ayuntamientos excepcionados de Andalucía y que en ellos tampoco hay aturdimiento y si una total falta de “bienestar animal” y una tortura indescriptibles (ver cualquier vídeo de youtube).
Las cantidades que también salen en el programa, que se venden como excelencia de producción, tienen detrás escalofriantes cifras de animales sacrificados sólo en las explotaciones entrevistadas (150.000 corderos, cabritos o cordero lechal, de 56 a 57 millones de pollitos que se convierten en 30 millones de pollos listos para comer, de 9 a 10 vacas diarias –multiplicad-). Todo esto son vidas que son tratadas como maquinas de hacer carne.
Evidentemente este no era un documental sobre la carne, sino sobre los hábitos de consumo de carne de los andaluces y la industria que abastece a este mercado. No hubo siquiera un cuestionamiento sobre la cantidad de carne que incorporamos a la dieta ¿mediterránea? Más bien al contrario, la reacción a la pregunta de cuanta carne comemos es jocosa y simpática ante el reconocimiento de que será toda la que se pueda. ¿Acaso una televisión pública pueda propiciar este mensaje cuando todas las recomendaciones sanitarias de los organismos de salud nacionales e internacionales están por la reducción de carne a favor de los vegetales para mejorar el estado de salud y prevenir ciertas patologías?
En cuanto al debate, quisiera hacer las siguientes aclaraciones:
Hubo algunos argumentos que se utilizaron sin mucho fundamento. Uno de ellos es el de esgrimir como una justificación a la forma en que se trata a los animales, el cumplimiento de la normativa de bienestar animal. Por supuesto que es lo mínimo que se les puede exigir, pero si tenemos en cuenta que las normas de bienestar animal permiten ciertas prácticas de cría y sacrificio que suponen el sufrimiento en muchos casos, esto no es decir mucho. Baste un ejemplo: aunque en algunos países del norte de Europa ya no se permite la cría de gallinas en jaula, aquí todavía constituye el porcentaje mayoritario de las aves ponedoras (son las del nº 3 que son más baratas, claro) y el espacio mínimo permitido de suelo de la jaula es poco más grande que un papel A4 y eso con todos los perejiles de “enriquecimiento” ambiental.
Cuando uno lee la legislación europea, que dista mucho de la de países como Estados Unidos que se crean ad hoc para el industrial y por el industrial, podemos creer que hemos avanzado mucho pero olvidemos las peores comparaciones y pensemos en los animales ¿No debería partir de nosotros el que estuvieran lo mejor posible si de verdad los cuidamos sin que lo hagamos por imposición legal?
Otro argumento fue el de la necesidad de comer carne porque es la fuente por excelencia de proteínas sin la cual no se puede tener una buena salud. No merece mucho la pena adentrarse en ello cuando cientos de estudios y las vidas sanas de millones de vegetarianos en el mundo avalan que la alimentación sin carne es tan saludable como la omnívora bien llevada, cuando no son mejores sus expectativas de salud en escenarios sociales y económicos comparables.
El argumento de la tradición como justificación a la ingesta obligada de carne no merece más comentarios. La tradición nunca es justificación de nada, en todo caso lo explica.
Tampoco es muy acertado el argumento de que cuidamos a los animales para comérnoslos y que si no fuera así, ¿qué seria de ellos? ¿Se extinguirían? Y si acaso fuera así ¿no sería mejor la no existencia que la breve y miserable vida que padecen?
Por último, no quiero dejar de incidir en que el cambio, que los que como yo intentamos fomentar, es inviable sin contar con una reconversión progresiva y contando con los sectores económicos. Es ingenuo pensar que esto se pueda hacer de la noche a la mañana ¿A que viene entonces tanto miedo a que las pocos logros que consigamos van a arruinar al sector?. Es irónico porque la comparación de fuerzas entre el movimiento por la defensa de los animales de granja y la industria cárnica es como el de una hormiga frente a un elefante. Y un elefante muy influyente además.
Asumo que estas palabras puedan ser una mala estrategia para que nunca más se me invite a un debate de Canal Sur, pero creía que se las debía a los que me han seguido y me han animado en mi humilde intento de concienciar allá donde me den voz y no podía desperdiciar el poder de la televisión.
Por último, quiero dar las gracias a Beatriz por que a pesar de lo dicho, me parece una persona profesional y comprometida. Ojala que en el futuro se plantee de verdad hacer un programa valiente sobre los impactos de la carne y el trato a los animales de granja. Este era otro tipo de debate y quizás ha faltado haberlo hablado antes.
También tengo que decir que el equipo de la productora Cibeles nos ha tratado con verdadero mimo y aunque solo sea por la experiencia agradezco la oportunidad de participar en su programa. Si he conseguido al menos que algunos se hagan preguntas ya me ha valido.
Sebastián López
Aqui podéis ver los programas: 75 Minutos y La mirada de Bea.

 

martes, 8 de noviembre de 2016

La desconexión


Aunque tristemente hay personas que apenas experimentaron el contacto directo con animales durante su primera infancia, la mayoría de nosotros tuvimos la oportunidad de descubrirlos como una parte natural de nuestro mundo incipiente. Al menos con gatos o perros, u otras mascotas enjauladas, y los más afortunados con animales de granja. Frente a ellos la curiosidad pudo más que el miedo o la desconfianza, los tocábamos sin ningún pudor o recelo. Eran objetos blanditos, suaves, divertidos, apetecibles para el juego o el tacto.

Encuentros tutelados y alentados por nuestros padres y abuelos con la intención de enseñarnos algo bueno y positivo. Aunque aún muy temprano para sentir empatía o cariño hacia ellos, nos hicieron sentir bien a su lado. Eran parte de las cosas agradables del mundo.


Un poco más tarde, los descubrimos en los cuentos que nos leyeron, o en los dibujos animados, en pollitos, cerditos o vacas que siempre eran buenos y simpáticos, en todo caso victimas de otros animales salvajes que demonizamos pero que también fueron adorables peluches a los que quisimos con verdadero cariño. ¿Dónde quedó ese mensaje de protección y respeto que estos juguetes transmitieron, cuando crecimos?

Tener un animal doméstico de carne y hueso en casa fue el privilegio de unos cuantos que establecimos una verdadera relación de amistad, sobre todo ya en la niñez y adolescencia. Nuestro compañero peludo o alado no sólo era un juguete, también se convirtió en un compañero de juegos, en un amigo. Y, aunque con escasa asunción de la responsabilidad que esto conlleva, pasamos a considerarlo como alguien más de la familia.

Pero también empezamos a hacer una distinción. Había animales que vivían con nosotros y otros que no y a los que normalmente no les poníamos nombre. Nos enseñaron que la carne era buena y necesaria y que era natural que la obtuviéramos de esos otros animales que se criaban en granjas o se cazaban en el campo o en el mar.

Aprendimos que la muerte era parte del ciclo de la vida y que era natural que nos aprovecháramos de lo que nos animales nos daban con ella. Aprendimos en la escuela que hay unas cuantas cosas más que nos daban los animales, su leche, su pelo, sus huevos, pero esto parecía ser inocuo, nos lo cedían “generosamente” durante toda su vida. Y sin darnos cuenta ya no hicimos más preguntas.

Para la mayoría de nosotros la juventud trajo otras preocupaciones y, con la excepción de los que siguieron conviviendo con las mascotas de sus padres o crecieron en el medio rural, los animales pasaron a ser solamente protagonistas televisivos de documentales o aquellos seres que veíamos pastando felices en los prados cuando salíamos de excursión. El resto desapareció de nuestras vidas. Poco a poco y sin saberlo,… desconectamos.

Muy pocos nos preguntábamos que había entre ese ternero recién parido y que mamaba de su madre en la idílica imagen con un fondo verde y la ternera que nos ponían en el plato. Que sucedía antes de que ese huevo acabara en su envase en el supermercado o de que el beicon apareciera pulcramente plastificado en sus estantes. La industria se encargó de ello y nosotros dimos el consentimiento inconsciente.

Pero para otros esta desconexión tuvo un lado verdaderamente oscuro. Para los que tuvieron que vivirla de forma consciente y forzada. Es imposible sobrevivir al dolor que la empatía y la compasión, que son propias a la mayoría de las personas, producen al contemplar, e incluso infligir de forma continua, el sufrimiento de un animal.

Para aquellos cuya opción de vida los llevó al enfrentamiento diario con el proceso de producción animal, con su explotación, la desconexión fue un adormecimiento del alma, una lucha perdida contra la emoción. Claudicar ante lo que se sabe que no está bien. Perder el respeto y el propio reconocimiento de la vida. Olvidar su mirada, no verla. Contemplar un objeto.

Todo queda en el olvido y nuestro cerebro nos da permiso para tratar a los animales como productos que manufacturar, exhibir, explotar o como objetos de estudio o experimentación.

Pero es posible que al cabo de los años, no importa a que edad, tengamos un encuentro, un encuentro revelador. Una experiencia que nos conecta de nuevo. Puede ser la mirada de un perro, o un mugido suplicante o el contacto perfecto con la piel animal; o simplemente la visión del horror. Puede ser como el dolor de una herida que de pronto descubres o un lento despertar, pero siempre es doloroso.

Quizás ya has notado ese cambio o tal vez estás despertando ahora. Sientes que de nuevo estás conectado, que has restablecido el vínculo que por naturaleza nos une a todos los seres sintientes que compartimos la vida en la tierra. Y ahora te preguntas: ¿que pasó? ¿por qué no los veíamos, por qué nos alejamos tanto? ¿Cómo fuimos capaces de contribuir a tanto dolor?

Pero también sientes que todo está ahora bien, ahora que ya has completado el viaje que te alejó tanto de la realidad.

Acaso nunca desconectaste y entonces no comprendes la ceguera del resto del mundo, o tal vez todavía no ha llegado tu momento, y también es posible que la ceguera no se cure nunca, pero tengo la esperanza que algún día todos podamos vivir en ese Reino Apacible en el que el hombre no haga daño a los animales.

Sebastián López

(Texto inspirado en Peaceable Kingdom, el documental Jenny Stein)

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domingo, 9 de octubre de 2016

Taller de Iniciación a la ALIMENTACIÓN VEGETARIANA Y VEGANA SALUDABLES


¿Por qué este taller?

Es posible que ya te hayas planteado hacer cambios en tus hábitos de alimentación que no impliquen dañar a los animales; que seas consciente del papel que el actual modelo alimentario juega en detrimento del medio ambiente y de la sostenibilidad del planeta; a lo mejor también intuyes lo injusto que es el sistema occidental de producción y consumo de alimentos para con los países en vías de desarrollo o que simplemente quieres cambiar a una forma de comer más sana sin incluir a los animales en tu dieta.

Si por uno o varios de estos motivos quieres iniciarte en la dieta vegetariana o vegana, pero las dudas sobre como hacerlo sin perjudicar tu salud, te impiden realizar el cambio, ahora tienes la oportunidad de que respondamos a tus dudas de la mano de Johana Gutiérrez.


foto cedida por Crónicas Herbívoras
También para aquellas personas que ya han adoptado la alimentación vegetariana o vegana, pero que necesitan unas pautas para que cubrir todas sus necesidades nutricionales de forma práctica, variada y creativa.







¿En qué consiste? 

Contará con una parte teórica y una práctica: 

PARTE TEÓRICA 
  • Introducción a la alimentación vegana y vegetariana.
  • Aspectos clave a nivel nutricional a tener en cuenta para ser un vegano o vegetariano saludable.
  • Consumo responsable y sostenible.
  • ¿Cómo debe ser tu dieta equilibrada? 

PARTE PRÁCTICA
  • Taller de platos principales completos.

--> Al final del taller habrá una degustación de productos proporcionados por los establecimientos colaboradores (Red Verde, La Alhacena a Granel y La Medida Cooperativa) acompañada de una cerveza artesanal.


CLAVES DEL TALLER

Imparte: Johana Gutiérrez, diestista-nutricionista responsable de Asesoramiento nutricional en ENTREENATE.

Dónde: El Gallo Rojo, Factoría de Creación
           c/Viriato 9, Sevilla

Cuándo: Sábado, 5 de noviembre de 2016, de 10:00 a 14:00 h.

Precio: 30 €

Información y reservas: johana@entreenate.es ó info.avha@gmail.com
--> Plazas limitadas
¡ VENGA, APÚNTATE YA !